lunes, 28 de diciembre de 2009

Peppermint Patty


Patricia "Peppermint Patty" Reichardt[1] is a fictional character featured in Charles M. Schulz's comic strip Peanuts.

In an effort, a little nuts, (better "a little peanuts"), I'd tried so hard to find any coincidences between Peppermint Patty and me (after the nick, of course). This are the results.

The reference is Wikipedia.

1. Peppermint Patty is noted for her persistent habit of profoundly misunderstanding basic concepts and ideas that most people would consider obvious, leading to embarrassing situations. For a long time she seemed unaware that Snoopy was a dog, referring to him as "the funny looking kid with the big nose."

2. Peppermint Patty's bad grades are possibly exacerbated by her tendency to sleep through class. This was explained by the fact that her father works late, and Patty is too insecure to sleep until he returns home. Peppermint Patty hired Snoopy twice to serve as her watchdog so she could sleep better at night, but both incidents ended in disaster.

3. Peppermint Patty lives with her father and enjoys a particularly close relationship with him, even though he apparently has to do a lot of traveling. He refers to his daughter as his "rare gem", a nickname with which Patty is extremely pleased. Her mother apparently died long ago.

All of this points are so set up! But, in a million of nicknames, I like this a lot.

domingo, 20 de diciembre de 2009

Todo sobre mi madre

Una tarde, al volver del colegio, la encontré sentada en su habitación llorando de la manera más amarga que alguna vez le hubiera visto. Y ella, era experta en llorar. Yo, en plena adolescencia, ya no le ponía mucha atención. En mi papel rebelde la despreciaba un poco cada vez que la veía en el plan de víctima que le compré toda mi niñez y que ya me tenía harta.
Pero ese día fue diferente.
Me asustó tanto verla sumergida en aquella tristeza tan profunda, inundada por todas las lágrimas que había soltado antes de que yo me asomara a su cuarto que, paralizada bajo el dintel por un segundo que nunca habré de olvidar, sólo entré después de recobrar el movimiento, a tratar de brindarle confort lo más rápido posible, como se le debe dar calor a un hipotérmico.
Allí, en el puff de la alcoba, abrazadas las dos, ella lloró más . Se intercambiaron los roles. Cuando le pregunté el porque, la respuesta fue: “es que tu abuela me hace mucha falta”.
Es ahora mi turno de permanecer en ese lugar. Inevitablemente, vuelvo cada cierto tiempo, y me invade la misma pena que ese día traté de ayudar a apaciguar y que aún sin comprenderla, me causó una impresión tan indeleble y duradera como la cicatriz de mi rodilla.

Ensayos sobre la ceguera

Sobre mi ceguera. Ayer me topé con la optómetra más torpe de este lado del globo. Le tomó 15 minutos y demasiadas maniobras con sus aparatos estrambóticos, encontrar mis ojos malos, para luego, después de otra media hora, decirme que paila, no puedo operarme. Por lo menos no por ahora.

jueves, 3 de diciembre de 2009

Feminismos

Bueno, empezaré por decir que no tengo un argumento sólido, pero que como el blog es mío, hoy puedo babear sobre él y no me importa.
Le tengo una suerte de respeto idiota a este lugar en la nada y no publico ni la mitad de lo que escribo, en gran medida por no dejar que mi vida común y mi imprudencia digna de ser redactada, se trasluzcan hasta el punto en que me vea YO a través de unas líneas, regalada para unos desconocidos.
Tiene que ver mucho, con ejemplos de blogs por ahí que detesto por su “trivialismo” grosero, como el último pastel de pollo viejo en la peor de las pastelerías capitalinas, y por blogs que tontamente admiro por no regarse en la prosa de gente que se mira la pelusa en el ombligo durante horas, sino por ser “refinados, delicados y pensados” como una tartaleta de frutas de Miriam Cami. Que endemoniado esnobismo el que acabo de confesar.
Pero hoy estoy escribiendo sin la censura y con el cinismo, con el que he hecho muchas cosas en estos días. Y no me siento orgullosa por nada de ello.
Esta noche, soy como un hombre, que es la más siniestra y alienada forma del feminismo: querer vivir la vida negando mi naturaleza de mujer, hasta el punto en que se me está dando muy bien. Me aburro rápidamente de cualquier personaje, soy superficial y aunque me gustaría enamorarme, no hay nadie a mi medida. Las relaciones de pareja me dan un poco de asco. Tanto las ajenas como la idea de una propia por que he visto como muchos amigos (as) (y yo misma en el pasado), han perdido su brillo, su encanto y su belleza por estar vitaliciamente amarrados a personajes a los cuales son adictos y que no hacen más que succionarles la energía, mientras a la par se desangran. Por que aunque sola y aburrida como estoy esta noche, me siento tan, tan bonita y tan atractiva por los halagos frecuentes de hombres que no me importan. Me gusto demasiado. Llevo exactamente la vida que soñé para mi cuando era una tarada con novio en la universidad. Todo eso ahora me sabe a la viruta de metal del bonbril, que se coló en la comida. Pero no lo puedo evitar. Es un círculo vicioso en el que la causa de mis males es la solución a ellos. Estoy, sinceramente, en una encrucijada.

Bueno, tres cosas que me tienen un poco pensativa:

1. La mujeres solas somos promiscuas y malas por definición. Bueno, yo, al menos.
2. Si una mujer es práctica es una zorra. Para ser una mujer decente hay que llorar, hay que sufrir, hay que santiguarse con la infidelidad y las parejas efímeras. Hay que dejar de vivir muchas cosas y aprender que son erradas a través de la experiencia ajena y del temor a ser juzgada. Cosa que no le pasa a los hombres.
3. Nos educaron para:
Tener el derecho al drama y fregarle la vida al novio, amante, esposo y fregársela a uno mismo. Divagar entre relaciones absurda sin aprender a decir NO ni a aceptar que el hombre del que uno podría enamorarse o se está enamorado, simplemente no sirve, por miedo a la soledad y a diez mil cocos más. No entender que las parejas NO son para siempre, y como dice Bilbo Baggins, estirarlas como poca mantequilla en demasiado pan. Y bueno. Cualquier cantidad de pendejadas por el estilo.

Ahora mismo pienso, que este blog solo ha tenido una entrada cómica, que era uno de los ganchos prometidos a los lectores. El humor se desvaneció, me puse muy seria y acá, ya nadie se rie.

miércoles, 18 de noviembre de 2009

Insomnio

Mi mundo onírico es bastante particular. No solamente por suceder en sueños, sino por que muchas veces empieza antes de dormir.
Yo tengo problemas más o menos graves de insomnio. También soy sonámbula, digo dormida cosas con escalofriante claridad y coherencia, sobre temas reales. Tengo terrores nocturnos y a veces los sueño saltan a la vigilia, como capítulos del Cuento del Domingo, o episodios de Pesadilla sin fin. Descanso mucho más cuando duermo de día, que de noche.
Durante el tiempo que no duermo me he acostumbrado a pensar casi como si fuera un cuento de Poe. Canaleo, leo, escucho radio de Internet, escribo, pienso, pienso, pienso y un par de veces intento dormir.
Anoche fue una noche llena de “acontecimientos”. Intenté ver televisión y aunque no tengo paciencia para ello, me encontré con una película donde actúa Naomi Watts, a quien le tengo pánico. Todas las películas de ella son demasiado inquietantes. Le huyo a Naomi. Pero ayer me quedé un rato, y mientras tanto me dormí, con el tele y la luz prendidos. Me soñé con una señora (con la que he soñado otras veces esculcando en mis cajones), tamborileando con los dedos en la puerta principal de mi apartamento, desde afuera, para que le bajará al volumen del televisor. Entre dormida y despierta, le bajé.
Después volví a despertarme. Apagué el televisor, pero solo concilié el sueño otra vez a las 6 de la mañana, enfurecida, por que tenía que levantarme en hora y media. Y cuando logré dormirme, soñé con pasmosa realidad que mi hermana y yo estábamos en Guatavita. Subíamos por una escalera de caracol y yo me recostaba sobre la baranda. Mi hermana hacía lo mismo pero calculaba mal y caía de cabeza unos ocho pisos, emitiendo un lloriqueo corto pero terrible al estrellarse contra el suelo. Yo bajaba corriendo, gritándole en cada escalón: ¡Ya voy! ¡Tranquila! ¡Ya voy! Recuerdo cada peldaño, la pared, el pasamanos, el sonido de mi voz mientras le hablaba para calmarla. Cuando llegué, le pregunté: ¿Qué sientes? Y ella llorando me respondió: “Tengo la cabeza toda rota”. Yo, enferma de miedo, pero tratando de no llorar y de verme lo más calmada posible, le dije “Voy a verte” y le pasé la mano por la cabeza, que estaba emparamada en sangre. Le dije: “No te voy a mover, es mejor llamar a una ambulancia”. Salí corriendo, desesperada y gritando una y otra vez: ¡Una ambulancia! No había una en todo el maldito pueblo. Ahí me desperté, pasmada.
Lloré como una magdalena cuando recordé todo, y no he podido dejar de pensar en ello ni de llorar. Fue demasiado real. La sensación la tengo pegada a la piel, como si todo hubiera pasado en la vida de verdad, hace unas pocas horas. Todos tenemos demonios y la cotidianidad no les resta "terribilidad".
Fue un día amargo, en realidad. Gracias a Dios, hablé con Paula, ella me aliviana siempre.
“Un buen día salir de la casa se traduce”, pensó “en tener los pensamientos más macabros” mientras terminaba de cerrar la puerta.
—Y otro, se convierte en la rutina precisa de materializarlos— contestó una voz detrás de él.
Sonrió para sí. Se volteó con lentitud para encontrar a su siempre oportuno interlocutor. Aunque, interlocutor no era la palabra que más se ajustaba ya que el texto en principio fue solo un monólogo, e inició como una idea inaudible para cualquiera. Nuevamente, esto no fue un impedimento para que él la completara.
Hacía tiempo había entendido que las ideas son de todos y es deber de todos mantenerlas enteras. De lo contrario, es mejor que ni siquiera empiecen, así sea solo en la privacidad del cerebro.
—Buenos días ¿A dónde va tan temprano?
—A que Dios me ayude con el odontólogo. Tengo un absceso que está amargándome la existencia, y de esas pendejadas es mejor salir por la mañana.
—¿Quién lo diría? Nunca me habría imaginado que usted prefiriera hacer algo antes del medio día.
—Es una cuestión absolutamente práctica. Acumulo bonos canjeables por ayuda divina y una visita al dentista es una oportunidad grandiosa para usarlos.
—¿Quiere que lo acerque a alguna parte?
—De hecho, sí. ¿Ve que funciona?
—¿Qué?
—Quién. Dios. Aquí está usted, al servicio de mis propósitos matutinos.
—Vamos. Tengo tiempo así que lo llevo al consultorio —contestó sonriendo ante el absolutamente inesperado descubrimiento de la fe de su amigo.
—¡Excelente servicio! —contestó riendo fanfarronamente, con una ojeda rápida al cielorraso. —Si no fuera ateo recomendaría a este tipo. Y, Diego, no es fe. Eso sería como tener fe en la gravedad —corrigiendo la frase no pronunciada.

(Continuará… espero)

jueves, 29 de octubre de 2009

Comer, beber, amigos

Tres post en un día. Buueeeno, no se si es demasiado, pero llevo tiempo sin alimentar a Blogger, entonces, me parece bien.
Yo ya he dado una lora increíble con el tema de la emancipación. En estos días reencontré (por que ya lo sabía), que una de las cosas que más me gusta es ser anfitriona.
Invité a los amigos con los que trabajo por estos días a “la casa” (eso se oye súper adulto). Y la idea era cocinar. Cuadramos el ágape con dos semanas de antelación, para un viernes. Dos semana de porquería, de mucho trabajo y poca plata como todas estas últimas semana del año. Dos semanas en que no pensé ni por asomo en que carajos iba yo a preparar para mis invitados.
El miércoles anterior al Día D, agarré un librito que adoro por muchas razones (entre ellas que lo diseñé yo, todo todito yo… y es de lo más lindo): Cocina para uno. Tiene unas recetas fabulosas y saqué cuatro como para picar: torrecitas de berenjena parmesanas, rollitos de jamón serrano y plátano maduro, paninis de portobello con pimentón y mozarela y ceviche de mero. El plan era perfecto: miércoles: búsqueda de recetas, jueves: arreglo del hogar y compra de ingredientes y viernes: cocinar como esclava.
Sin embargo, durante el camino todo se malogró por que el jueves salí tarde de Una Tinta y luego tenía clase de portugués entonces, paila. No se pudo comprar nada.
Así que el viernes arreglé por la mañana y por la tarde salí corriendo a Carulla, en donde me di cuenta que el mero es muy escaso y un poco caro para este bolsillo atribulado por la buena vida. Y que sin congelar es imposible de conseguir. Adiós, al ceviche. El resto si era sencillo y no tan costoso. Llegué a la casa con todo, y hecha un ocho empecé a desangrar las berenjenas, cortar los plátanitos, atender a los que iban llegando, y todo con un delantal lleno de I (corazoncito) NY. Muy desordenado el asunto. Luego llego Cris, y me dio una buena mano.
Con todo y el desorden, todo quedo deliiiiicccciiiooooossssooooo. Uhmmm, yummi.
Que recetas más buenas. Ser chef es una cosa maravillosa. ¿A quién se le puede ocurrir inventarse rollitos de maduro con jamón serrano y acompañarlos de sour creme? Pues a un genio, ni más ni menos. Adoro ese libro.
En fin, el todo es que me encanta gastar mi dinero en agasajar a los amigos. Estuve una buena porción de la noche metida en la cocina, y me fascinó. Así que los amigos que vengan por estos perdidos parajes de la web, bienvenidos siempre a mi casa para que yo tenga el gusto de ser su anfitriona.

Ira por correspondencia

La ira redactada

Así como la autora de este blog tiene un “subtítulo” -plasmado en el perfil- que reza: “... una imprudencia digna de ser redactada”, si me asomo a la ventana de Una Tinta, y miro con atención a la Jiménez, a la carrera cuarta o al Parque de los Periodistas, encontraré mucha gente con “subtítulos”, en los cuales la palabra IRA es la protagonista.
Nadie la notará (subrayada, en rojo y en bold), si no se presenta una situación donde se pueda descargar: el "filho da..." que le echa a uno el carro, la vieja bruta que cruzó mal o despacio, la bestia que "cierra" a un conductor, los n operadores de call center con su calma pasmosa y llena de indiferencia, etc. Todos catalizadores de la inmensa necesidad de un destinatario para un buen insulto. A todos nos ha pasado.
Sin embargo hay un lugar en el mundo (a parte de "la cochina vida", por supuesto), en el cual IRA puede tener un espacio vital para alimentarse y crecer y crecer y crecer y crecer…
Internet.
Un lugar seguro para el neurasténico activo de hoy. Cuasi sin consecuencias. Sin exponerse a: bofetón-puñetazo-escupitajo-muenda, multas, ordenes de restricción, procesos penales, puñaladas o un tiro. Tal vez, solo una buena cuota de vejaciones verbales en respuesta, por parte de otro ciberiracundo. Es como una clase de esgrima sin cálculo o gracia, donde el término Touche se reemplaza por algo así como : "hijo de tu …………., ve a………….., con tu………….. para que se lo……………………………….". Puede no ser tan literal, pero no menos agreste.
Es impresionante la imaginación y el tiempo que una persona puede destinar de su vida para minimizar a otro y despotricar de lo que sea. El “ejercicio” de ojear los comentarios publicados en lugares que dan la opción para opinar anónimamente es, cuando más, vergonzoso. Lo digo por mi. Las veces que me ha dado por la pendejada de bajar la barra del navegador para mirar los comentarios de los lectores de alguna noticia en El Tiempo o El Espectador, siempre termino avergonzada conmigo misma por el atrevimiento de meter mis narices en semejantes cloacas infectas olvidadas de la mano de algún dios.
Una vez, OPINÉ. Hablé solo sobre la nota, que era sobre arte. Revisé el asunto para que quedará tranquilo, como cuando uno habla con Sutano. La consecuencia fue una andanada de agresiones de todos los portes. Es como ponerse por cuenta propia en un paredón para que le lancen huevos y tomates podridos. O sea, una enorme tontería. Y si uno cae en el jueguito (es fácil querer contestar), pues termina del otro lado del patíbulo, alistando la cáscara de banano para aventársela a cualquier otro.
Eso por un lado. Existe otro tipo de personaje con IRA no presencial: el que tiene un blog o el que lee blogs. Un ciberbully del cual todos deben cuidarse, al encontrárselo en la página de comentarios de cualquier post de un blog. Es aquel que ya maneja tanto el arte de la palabra que puede escribir un comentario o toda una página en Word (¿cómo esta servidora?), con cincuenta revisadas de redacción y ortografía (como esta servidora) para descuajarse en quejas, reclamos, inconformidades y demás, contra situaciones, comentaristas aledaños o cosas que le estorben para vivir, todo con una sobredosis de suficiencia intelectual (¿cómo esta servidora? sinceramente, espero que no).
Es fácil pasar esa línea de observar a juzgar. Yo la he pasado. Lo hago todo el tiempo. Tengo el sarcásmo y el cinismo a flor de piel. Para justificarme por este post diré que a mi no me parece mal hacerlo, desde que eso no se convierta en atropellar con una Bob Cat a alguien y a su opinión o a su forma de vivir y luego escupirlo por atrevido.
Como punto final, creo que lo que verdaderamente no me gusta de un texto, es sentirme como si me hubiera comido un cactus después de leerlo. El veneno, por más correcta o creativamente escrito que este, si no tiene un mínimo de elegancia, no sirve.

miércoles, 28 de octubre de 2009

¿Coincidencia? O_o

Un día fui a Blockbuster y compré dos películas: Amadeus y Stranger than Fiction. Imaginen mi sorpresa al descubrir, que el man que interpretó a Mozart (Tom Hulce) también tuvo un papel pequeño en Stranger that fiction... Es una de esas cosas en las que me gusta pensar después de cierto tiempo. La olvido, la vuelvo a recordar y me sigue pareciendo extraña... O_o, jeje.

domingo, 27 de septiembre de 2009

Tontera

En estos días, se me cruzó por la cabeza, que si tuviera que describirme en una palabra, al estilo del cuestionario de Proust, esa palabra seria VEHEMENTE. Encaja por donde la mire, tanto para bien, como para mal. Me gusta ser vehemente.

Un trágico desencuentro

La primera vez que la vi lo supe. En mi timidez e inseguridad, traté de hablarle de alguna intrascendencia. De esas que en esa época me funcionaban con personas menos pagadas de si y más cálidas. “Me gustan tus botas”. Sus ojos contestaron por su voz, con una mirada que significaba “punto”. El truco aprendido de personas with better social skills, no me funcionó y respeté su claridad respecto a no querer gastar un par de líneas en tonterías. Desde ese momento, por alguna razón que todavía no atino a comprender, siempre supe quién era. Se convirtió en una referencia obligada en muchas conversaciones ajenas en las que estuve presente. Su nombre extraño llegaba y se apropiaba de las anécdotas durante algunos minutos. Al principio, como muchos de estos seres, vivos solo en las bocas de otros, no me produjo nada. Pero con el correr de algunas menciones, ella se hizo familiar. La conocía un poco más con cada historia, y ello empezó a escocerme. Pero esto no tenía más consecuencias que la picante pero pasajera urticaria. Terminado el párrafo, su persona molesta, quedaba en el olvido. Volví a verla un día en que a pesar de querer hacer girar todo a su alrededor, no logró alcanzar ninguna importancia. Esa noche además, yo era otra y en mi había nacido la confianza propia del cinismo después del desamor. La ignoré, no con intención. Sólo pasó que ella fue muy poca cosa para que se ganara un segundo de mi curiosidad. Y tan fácil, como un día se convirtió en la ponzoña de una aguamala, durante esa fiesta, se esfumó. Sólo hasta ahora soy consiente de lo que allí pasó.
Unos meses después, sin saberlo, regresé al lugar en donde había desaparecido, para encontrar que solo se había escondido. Al principio, difusa y arrugada como estaba, no la reconocí. Debieron pasar muchos días y muchas menciones más para que atara cabos hasta sorprenderme un poco, en medio del aburrimiento que me causó saberla otra vez en mi entorno. Su estatus cambió. Ahora era la tercera en discordia. Y yo, de verdad, hubiera preferido no volver a ese sitio, encantada por las músicas que salían de allí, para no hallar nada más que su veneno, ahora dirigido hacia mi.

sábado, 12 de septiembre de 2009

Flickr

This is a test post from flickr, a fancy photo sharing thing.

jueves, 20 de agosto de 2009

La depresión de vivir en el país de “Aquí no ha pasado nada”

Gobernado vitaliciamente por Juanito Alimaña, Colombia solo ofrece una visión deprimente del futuro para sus habitantes. Es él quien sube y depone presidentes y gobernantes corruptos y mediocres, establece políticas económicas y gubernamentales cojas e ignorantes, se enriquece a costa de desmembrar campesinos, de generar brechas sociales y aumentar la pobreza de los pobres y la riqueza de los ricos. Es él quien aumenta la miopia y el daño cerebral del pueblo, acostumbrándolo cada día más a la imposibilidad de pensar por si mismo, a la falta de esperanza del mejoramiento de su calidad de vida y al mínimo desarrollo de su intelecto.
En un país donde cada habitante lee en promedio menos de un libro al año, y donde solo el 5% de los jóvenes tiene acceso a educación superior, (5% compuesto en su gran mayoría por los perezosos y los mediocres que constituyen la futura mano de obra facilista y poco pensante del país), Juanito Alimaña tiene el terreno despejado para capitalizarse ilícitamente de manera obscena, sin que nadie interfiera en su camino.
No hay quien. El tipo ha sido medianamente inteligente (en realidad Juanito Alimaña no es brillante) y se las ha ingeniado para que las posibilidades de que nazca un oponente sean casi nulas. Este es nuestro sistema. Nos guste o no. En el siglo XXI, vivimos en el medioevo.
Por más que el Oscurantismo que nos rodea este tan “bien” estructurado (cómo podría estarlo un cáncer, por ejemplo), resulta que imponer la Edad Media es solo un acto de “viveza” sin eco intelectual y una brutalidad sociológica de grandes proporciones (pero como las vidas de estos miserables que componen a Juanito Alimaña no superan de manera individual los noventa años, ellos nunca serán alcanzados por las consecuencias de sus actuaciones funestas e imbéciles. Y mientras ellos mueren gordos y felices, condenan al país a vivir como un equipo de futbol de gallinas sin cabeza. Que espectáculo más cruel y cómico).
Obviamente, en un sistema tan primitivo siempre habrán fisuras. De esas fisuras salen personajes capaces de vislumbrar el panorama completo y desolador. Capaces de no conformarse con una educación de tercera y de pensar y establecer teorías. Capaces de decirlas públicamente y de abrirle un poco los ojos al país débil mental subordinado por Juanito Alimaña. La gente empieza a escucharlos, a pensar un poco, a llenarse de esperanza, a levantar la cabeza de este lodazal y vislumbrar la realidad con un poco más de análisis. A darse cuenta de que para mejorar la vida de uno y de todos es necesario cambiar de estructuras de pensamiento y políticas. Que el pasado es pasado y que nuestra historia debe ser desdeñada para darle la cara a un futuro sin las taras culturales de antaño. Que todo debe ser repensado. Y en este proceso, claramente, el más afectado sería el bruto Alimaña, que no conoce otra manera de mantener su sórdido ritmo de vida sin sentido, más que sacarle partido a un pueblo sumido en la pobreza de ideas.
Esto, como la historia de Colombia ha podido comprobar en este último mes, significa, que al optimista que sale de la caverna, como en aquella alegoría de Platón, lo obligarán a tomar cicuta o le mandarán un grupo de sicarios.
Mi indignación no ha dejado de crecer, precisamente con los aniversarios de la muerte de Galán y de Garzón. Veo las noticias sobre la impunidad que se cierne sobre atrocidades como estás. Veo el material de archivo con las palabras llenas de inteligencia de estos personajes. Veo las burradas que opinan algunos bobalicones en El Tiempo.com o El Espectador.com (espacios abiertos a la estupidez general de anónimos ignorantes, dónde algunos brutos defienden a Maza y dicen que el crimen contra Galán no debería ser proclamado como un crimen de Lesa Humanidad). Veo que en 20 años no se ha hecho nada más que echarle tierra al vital asunto de un país que es capaz de asesinar a sus mentes más brillantes y de condenar a los cerebros que si sirven para algo a que se los coman los gusanos, para poder continuar en la porqueriza del dinero “fácil”, cada vez menos fácil y más doloroso para todas las malditas partes. Estoy asqueada, triste y desesperanzada de pertenecer a este país de mierda, como lo dijo César Augusto Londoño en el final de los deportes, el día que mataron a Garzón, (el video esta en YouTube y circula en Facebook). Hoy no tengo ninguna razón para sentirme orgullosa de mi pasaporte.

jueves, 13 de agosto de 2009

Biblomancia. Bueno, en este caso sería algo parecido a Cartelomancia

Hay un libro, pésimo, de un señor Richard Bach. Se llama... ¿cómo demonios se llama? ¿Ilusiones? Sí, alguna carajada así. El asunto es que en mi pubertad, cuando era apenas un costalito de huesos que leía cualquier pendejada que le cayera en las manos, desde Cuatrocientos años de soledad (la leí cuatro veces) hasta Breve historia de tiempo (!!!), pasando por las Selecciones, Gustavo Adolfo Becker, Tomás Carrasquilla, Cualquier cosa que estuviera en descuento en las mesas de Panamericana (o sea CUALQUIER COSA), Consulta a tus ángeles, Daniel Samper Pizano, el Decameron, Las venas abiertas de América Latina, Mafalda 1, 2, 3... 5000, Caballo de Troya 1, 2, 3... 5000, El principito, etc. Era una ameba intelectual. No por bruta. Sino por que no tenía muy bien afinado el filtro de lo que para mi era basura o no. Entonces un día leí este libro... Ilusiones, de este señor, que escribió un libro que en todo colegio de monjas ponen a leer: Juan Salvador Gaviota. Pues bueno, Ilusiones es basofia. Es alimento para cerdos (en mi humilde... no, en mi opinión).
Pero Ilusiones le dio un texto a una conducta muy influyente en las decisiones que tomo, y en la comprensión de las cosas que me pasan sin que yo medie, de manera consiente: las señales. Soy bastante supersticiosa. Y para que, pero cada vez que se me atraviesa algo en el camino que considero tiene las caracteristicas de una señal, pienso en esa maldita pluma azul.
Y ayer volví a pensar en ella, cuando vi un cartel en el IBRACO que dice: Si usted es amante del sol, Brasil es su destino. Así, que la suerte está echada. O por lo menos, espero que la suerte que me sea echada, tenga a Brasil, en alguna de las caras de los dados.

O unico que eu quero é conhecer o mundo... e morar em NY.

martes, 28 de julio de 2009

Viajar y los afectos

De vuelta en Bogotá. Tengo la sensación muy fuerte de que viajar me revitaliza. Y el que acaba de pasar en particular fue como un ungüento mágico, para las raspaduras emocionales en mis rodillas, después de haberme caído unas tantas veces. Siento como si me hubiera hecho un baño con jabón Rey, para quitarme la sal de tantas lágrimas de encima. Llegué triste por dejar un lugar, en el que se, sería feliz, pero dichosa por lo bailado, por lo tomado, por lo caminado, por lo escuchado, por lo visto y por lo querido que dejo allá.
Hoy caminé por Bogotá de nuevo, y sí. Me sentí diferente. Como si me hubieran contado un secreto. A muchas personas tal vez no les parezca nada del otro mundo. Para mi, haber vivido NY durante casi un mes, a sido una de las decisiones más acertadas de mi vida. No fueron una vacaciones, y de pronto me estoy poniendo loruda con el asunto. Bueno, que le voy a hacer. Igual no importa. Hace rato creo que no pasa nadie por acá, jeje.
Lo de los afectos es una cosa en la que he pensado mucho en estos días. He pensado que es muy diferente viajar con la pareja que viajar solo. No se si aplique siempre, pero viajar con el/la novio(a) o el/la esposo(a), (esté como esté la relación), es como ser un caracol, y pasear con la casa a cuestas: “Dónde estemos juntos será nuestro hogar”, dice una canción de Cerati. Cuando uno vuelve, en realidad es como si no se hubiera ido. No se sienten las ausencias grandes.
Cuando uno viaja solo, uno se va dejando gente que lo quiere en un lugar. Se va dejando afecto y añoranza. Y cuando llega al destino temporal crea o renueva otros lazos, con personas que viven en un sitio del que uno es solo un visitante. Eso exactamente me pasó a mi. Me fui dejando dos casas en Bogotá (la mía y la de mi padre). Si las personas se entienden también como casas me voy dejando dos más en Nueva York: Mario, mi tio, y Miguel, uno de los hombres más importantes en mi vida. Mi amor platónico desde cuando tenía quince años.
Con mi tío la despedida fue triste, pero practica como el reencuentro. Y estuvo bien. Con Miguel, la despedida ocurrió en un taxi en algún lugar de Queens, la madrugada del día en que me fui. Me fui triste de NY, por ciertas certezas de las que no voy a hablar acá. Pero con el paso de los días, la llegada de las actividades normales en mi vida, y la comunicación constante con él, me he sentido feliz, aunque no se cuando volvamos a vernos. Miguel, literalmente me curó de muchas cosas jartas que tenía atravesadas como bolas de pelo de gato en la garganta. Gracias a él, estoy intacta de nuevo. Y no importa que haga, ni a donde vaya, o en donde viva. O con quien esté. Estamos juntos, y donde estemos juntos será nuestro hogar.

sábado, 18 de julio de 2009

Donde se trillan las mieses


Definitivamente I love NY. Llevo un par de semanas caminando por La Ciudad (como llaman a Manhattan acá), y creo que no me cansaría de hacerlo. Por ahí ya, en la 9 St, vi una puerta roja, donde me gustará vivir en algún momento.
Me gustan muchas cosas de NY. Me gusta caminar sin miedo. Me gusta la diversidad y que todo el mundo se vista como le de la gana. Me gusta poder ponerme un vestidito lindo y salir sola en el metro, sin ser objeto de obsenidades durante la ruta. Me gusta que la gente camina, y que los medios de transporte hacen esta ciudad enorme, muy fácil de recorrer. Sólo me di cuenta de las distancias cuando subí a The Top of the Rock, el mirador del Rockefeller Center. Ni caminando uno toma conciencia de las verdaderas distancias. Uno planea el paseo, mira el mapa para encontrar las rutas de tren, y todo está a unas cuantas estaciones. Entonces Manhattan se siente como un lugar pequeño. Al parecer no solo el tiempo es relativo. También el espacio lo es. Me gusta que a pesar de pasear sola la mayoria del tiempo, no me siento sola. Mi individualidad e independecia y mi deseo de hacer cosas por mi misma, cuadran a la perfección con NY.
Es en Nueva York, donde se trillan las mieses. Todo pasa aquí.

sábado, 11 de julio de 2009

Los detalles 1


A petición de Angie. Este texto lo tengo desde el domingo pasado, 5 de julio. Estoy buscando la manera de ponerle un gadget a esto que conecte el Flickr.

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Mayito me recogió en el aeropuerto de Newark el miércoles casi a las 8 de la noche. Un poco más de tres horas después de lo esperado, porque los pilotos tenían que dormir. Y es lógico. Volé un par de días después del accidente del Airbus en Yemen, y la paranoia y la desconfianza, tanto de los pasajeros como de la tripulación, estaba on air. Como todos los que ibamos en el boeing.
Empezando desde el boeing, debo aceptar que deseé que me tocara algún personaje interesante. Pero en desquite de mis tontos pensamiento, tuve que compartir línea en el avión con un par de paisas montañeras, de esas que le quitan a uno la silla de la ventana, le piden que se siente en el pasillo y cuando uno dice: “NO”, sin más explicaciones, se quedan rumiando frases como: “para que ventana, ni que fuera la primera vez que montamos en avión”. Arg, asqueroso. Bitches.
El avión, sobrevoló sobre Baltimore y New Jersey casi una hora y media. Me encontré con Mayito a las 8 de la noche de aquí. Debí arrivar a las 4.
¡Qué felicidad más enorme verlo! Él es uno de los menores, de los 10 hermanos de mi madre. Se parecen demasiado. Es mi tío el alcahuete. Con el que me he emborrachado desde los 17, y cuando lo ví, con ese parecido físico a mi mamá (no es por nada pero todos son muy bonitos y en especial él, con su pelo negro igual al mio y su 1.90), sentí a doña Patricia ahí, a mi lado. Y pensé con toda certeza, que vine a NY a buscarla.
Nos abrazamos no mucho tiempo (los Linares somos prácticos). Y luego nos reímos sin parar (con el respeto por la sobrina, que vive sola, sin hijos y sin marido) y nos burlamos el uno del otro de esa manera ingenua que me gusta tanto en mi familia.
En tren llegamos hasta Time Square, con maletas y todo. Y ahí empezó la magia de este asunto. ¡Es absolutamente impresionante! Es lo que uno ha visto en tantas películas (tengo la teoría de que casi todo el cine gringo sucede en NY), y de repente uno esta parado ahí. Como si atravesara la pantalla y se materializara en la película.
Llegamos a la casa de Mario, y aquí me contó que no tiene vacaciones. Entonces, gran parte de mi estadía aquí, pasearé sola. Lo que me encanta, si soy sincera. No tener que lidiar con la voluntad de nadie a parte de la mía y hacer lo que se me de la gana.
Pero eso no será del todo así, por que Mario y Miguel, mi amigo el músico, están pendientes de mi siempre, entonces será un buen balance.
Sin celular, me fui el 2 de julio sola para Soho, al Apple Store. Como todavía no tengo manera de comunicarme con nadie, me llevé el laptop. Pero aquí uno puede sacar estos aparatos en todas partes: en el tren, en un parque, en un café en la calle o en un restaurante, sin miedo a que a uno lo atraquen. Es excelente. Entonces lo saqué, hablé con Miguel, y como alma que lleva el diablo, llegó a verme.
Repuse el I Touch que me robaron en Bogotá. Éste está condenado a no ver más la luz del sol cuando regrese. No me lo voy a dejar robar otra vez, así que quedará confinado. Compraré un shuffle de 30 dólares (en el mercado negro jejeje), para moverme allá: el Voyager. Y el I touch lo dejó para los viajes y la casa. Es súper práctico porque tiene GPS y hay wi fi libre en casi todas partes, entonces pues si me pierdo me puede ayudar a ubicarme más fácilmente.
En la ciudad que nunca duerme, ya fui de compras a Daffy´s, pasé 4 de julio en un barbecue de músicos en Long Island, y hablé con Mayito hasta las 7 de la mañana del día siguiente. He tomado vino, tequila, cerveza, jack daniels, aguardiente y martini de manzana. Comí tapas en un restaurante español delicioso, comida de mar en donde unos amigos de mi tio, y mucha carne en el asado. Los días son largos y todo el mundo tiene energía para vivir días de 36 horas.
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Y ahí voy.
Más adelantes otros detalles.

viernes, 3 de julio de 2009

Spanglish

Well, this is going to be a very short entrance.
I'm in NY city. I have been here just for one day (twenty four hours), and I already have many stories to tell. Including the storie, about why i`m talkin-writing-thinking en español and inglés, all mixed up.
Theres many photos too. I`m alone in this city, and those of the things that i do with totally freedom it's taking pictures and thinking in spanglish.
The next entrance would be more fun. And it would give more details.
For now i just what to go to sleep.

Good night

(Please, forget and forgive my bad english writing)

miércoles, 17 de junio de 2009

Botíca

Está noche hay varias cosas, acerca de las cuales quisiera hablar.

1. El sano derecho a la antipatía
Este término se lo escuché a un profesor de la universidad, que es (o era, no se, la gente se muere) bastante antipático. Mide 1.90 mts, discriminados de esta forma: 1,50 mts de carne, hueso y visceras; 0,15 mts de parla y 0, 25 mts de aureola ególatra. Pero es un tipo inteligente, sin duda.
El asunto salió como respuesta a un alumno, que muy orgulloso de sí, comentó que él “siempre saludaba al subirse a un bus” (o sea, esa clase de persona que tiene la cortesía casi como una religión y se sienten súper superiores a los demás por eso). Entonces, el profesor le contestó que a él le parecía bien que alguien tuviera esa clase de códigos de comportamiento, pero que le parecía un asco que creyeran que todos a su alrededor debían adoptarlo. Algo muy parecido a lo que pasa con todos los fundamentalistas: vegetarianos, antitaurinos, hinchas de futbol, practicantes religiosos, ex fumadores, ex alcohólicos, ex drogadictos, etc.
El derecho a la antipatía, es definitivamente, uno de los que más defiendo, y hago uso. Obvio, no sin sufrir los calificativos y juicios de amigos y desconocidos. Un ejemplo muy puntual de esto es el siguiente. Hace muy poco, en la fiesta de matrimonio de un ex novio y muy buen amigo, me encontraba yo, sentada tomándome un whisky, sola. No conocía a casi nadie, pero cuando uno ha estado solo un buen tiempo, eso no es problema. Estaba además, examinando con bastante interés al hermano del novio, (o sea mi ex cuñado), a quién no había visto desde unos ocho años atrás. Y de pronto llega Imbécil. Quién no lo habría sido ni por ser menor que yo, ni por hablar de tonterías, ni forzarme a bailar, cuando ya no podía con mis pies. No. Él se ganó el nombre cuando me dijo: “¿Y tú siempre eres así de cerrada? Porque te ves una persona muy repelente”. You asshole!!!! —Imbécil —le dije yo, —en este momento quisiera estar logrando algún acuerdo sexual con él (mientras señalaba con la cabeza a Excuñado), y no perdiendo el sentido del oído con tus infames babosadas. Esa es la razón de mi repelencia. La ajusté en Idiotas, pero al parecer, no funciona.
El derecho a la antipatía es poder quedarse tranquilo en un lugar sin determinar a nadie. Sin buscar ningún acercamiento especifíco, y en caso de que toque, poder despacharlo sin la pantomima de las sonrisas y las afectaciones que uno muchas veces no tiene o no le nacen. Es que para mi, los demás seres humanos del mundo (no soy antipatíca ni con perros, ni con gatos, ni con otros seres vivientes no humanos) sean la nada. Es no conversar porque sí, ni escucharle las tonterias e intrascendencias a un don nadie. Va en dirección contraria a la "educación", completamente. Y yo lo defenderé hasta que sea una anciana antipatíca (si es que llego a anciana, uno no sabe).

2. La gente que culpa a Dios por algo
Con estas cosas que han pasado últimamente en el mundo (el avión que se cayó, el jardín de niños que se incendió, el niño al que mató la mamá, el violador, etc), uno oye y lee cosas en noticieros, periódicos y la vida en general como: ¿Y dónde estaba Dios?
Yo no soy religiosa, pero no soy atea. De hecho tengo muchos intereses de orden espiritual (a ver si dejo de ser antipática). Pero exclamaciones como estas me parecen estúpidas e injustas. La gente se muere. La gente DEBE morirse. A la gente le pasan cosas. Tristes, jartas, horribles, pero al fin y al cabo, eso tiene que ser así. Nadie se va del mundo sin que tenga que vivir alguna experiencia traumática. Nadie. Y eso no lo hace especial, o mejor persona, entendiendo la situación misma casi como un don: “algo que me pasó a mi y no a ti, y por eso soy mejor que tú”. Pero, sobre todo: no es culpa de Dios. Es culpa de las personas. Es la vida. O karma.

3. El derecho a la infelicidad temporal
Digamos que a Fulano le esta llendo bien. Tiene platica, amigos, cero problemas, cero deudas, cero temas que le amarguen la vida. Es un tipo tranquilo. Pero un día, Fulano se levanta triste. Algo le falta. Una pareja, un ascenso, tiempo para viajar más. En balance todo está bien. Él lo sabe y no se queja. Pero ese día algo no lo está. Y se lo cuenta a Otro alguien. Comete ese error. Porque ese Otro alguien lo despacha con una lista de todas las razones que tiene para no joderle la vida a los demás “con problemas que no lo son”. Pues bueno. Yo creo que, de cuando en cuando, uno tiene derecho a ser un infeliz, aunque todo “esté bien”. A quejarse, y a mirar con desdeño las razones para la propia felicidad, sin pensar que está pateando la lonchera.
A no agradecer a la vida todas las mañanas por que el asteroide aun no ha caído.

Y como apéndice:
Acabo de leer un post de alguien que ni conozco, acerca de lo vanas que le parecen las figuras paternas. El autor termina diciendo que le cae como un trasero la gente que tiene una devoción especial por ellas.
En mi caso partícular, a pesar de tener un par de recuerdos muy amargos de ella, yo tengo Devoción por mi mamá. Con D. Me imagino que mucho tiene que ver con que está muerta. Pero yo la adoro. Así. Con idolatría. La cito todo el tiempo, pienso en que haría, pienso que pensaría de mí. Y a mi papá, con todos sus defectos, con todas sus mañas, con todas esas taras con que los papás de ellos (verdaderos monstruos) y la vida, les causaron, también. O sea, como no, cuando este señor se desvive por mi. Aun cuando yo llevo un tiempo haciendo la tarea de quitarme las taras que a su vez me dejó él, y hoy sin miedo a mentir, puedo decir que soy muchísimo más fuerte que él.
Mi estructura familiar es muy extraña. No tengo afecto ni por mis abuelos, ni por mis tios, ni por mis primos. No los conozco y no recuerdo ni sus nombres, ni sus rostros. Mi familia son mi papá, mi hermana y mis dos gatas. Doy mi vida por ellos y ellos por mi. Pero ni siquiera hablamos todos los días. Pueden pasar un par de semana sin que yo los visite. Mi papá casi no me llama. Y mi hermana tampoco. Somos todos completamente defectuosos (excepto Luna y Alekos que son PERFECTAS). Incluida mi mamá que no duró lo que esperabamos.
Y tengo franca devoción por ellos.

jueves, 11 de junio de 2009

Películas cursis I. Aka: comedias románticas

(Significando cursi lo que la mayoría de la gente entiende).

La de este post se llama Music and Lyrics, y es protagonizada por la nueva potentada de la comedia romántica gringa: Drew Barrymore; y Hugh Grant, el Morgan Freeman blanco, (por que siempre actúa como si mismo, cosa que le perdono, por ser guapo y por que me gustan sus gestos con las cejas).

Es la historia de Alex Fletcher, un tipo que fue una estrella POP de los ochenta (así se llamaba el grupo en el que estaba, POP). Un mediocre que vive de sus glorias pasadas, cantando en ferias, reuniones de exalumnos de la promoción del año 87, y parques de diversiones. Su mayor logró en la actualidad es ser tenido en cuenta por los productores de un reality, donde cantantes pasados de moda se dan trompadas en un ring de boxeo y su mayor ambición es presentarse en Busch Gardens y Disneylandia. Un día se encuentra con Sophie Fisher, una semiescritora, insegura e hipocondríaca que vive de hacer tareas varias, por que aunque no es bruta, es al igual que él, una conformista y no ha tenido las agallas de hacer lo que quiere, o sea escribir. Se escuda en una de esas historias dolorosas y ridículas que todo el mundo tiene. Y la saca a relucir cada vez que puede, como un tesoro que en realidad es sólo boñiga seca, como una justificación de lo poquito que ha hecho con su vida.
Entonces, un día al tipo lo contratan para hacer una canción. Cosa que, claramente no puede por que para pagar el arriendo, hace rato no ha tenido que usar el cerebro, por lo menos no para componer. Por cosas de la vida en el cine, después de conocer a Sophie, esta resulta ser una letrista natural: "a natural born lyricist, a Cole Porter in panties". Y es ahí donde está la magia de este argumento: estas dos “medias” naranjas, se juntan, y ya juntados los dos, hacen UN buen músico y compositor. Un profesional bastante aceptable y hasta exitoso. Solos son basura e insignificantes. Pero juntos hacen la naranja (frase cursi para la posteridad). Y el resto, bueno, toca verlo.
Todo eso es lo que me gusta de esta película, (a parte de Hugh Grant). Que son dos perdedores. Que nadie rescata a nadie. Encuentro además, a Sophie un poco parecida a mi: menuda y peinada por un vendaval, tiene una hermana bastantona y grandota (bueno, grandota es un decir) que se pone blusas escotadas brillantosas, llamada Rhonda (a mi hermana le decimos Nanda). Lo del trauma me ha definido un par de veces en mi vida también. Todas estás comparaciones que me hacen más cursi aún.
El humor que tiene es mucho más sutil que otras películas de su genero, que sin pensarlo dos veces usan chistes literalmente asquerosos, de esos que los gringos disfrutan tanto. De hecho es bastante ingenua. Y para ilustrar esto, va a continuación un pedazo de la letra de la canción insignia del grupo de Alex Fletcher:

I never thought that I could be so satisfied
Every time that I look in your angel eyes
A shock inside me that words just can’t describe
And there’s no explaining

Something in the way you move I can’t deny
Every word from your lips is a lullaby
A twist of fate makes life worthwhile
You are gold and silver

I said I wasn’t gonna lose my head
But then pop! Goes my heart
(Pop! Goes my heart)
I wasn’t gonna fall in love again
But then pop! Goes my heart
(Pop! Goes my heart)
And I just can’t let you go
I can’t lose this feeling

El tema de las comedias románticas, da para muuucchos post. Seré una desocupada, pero pienso en ellas muy a menudo. Como no lo tengo claro del todo, solo puedo decir que la próxima entrada acerca de esto se titulará La estructura básica de la comedia romántica estándar: variantes américas y variantes inglesas.

Cursi

El preámbulo a la siguiente entrada. (Películas cursis I. Aka: Comedia romántica)

No pudiendo hablar por una buena porción de la población femenina, que en aras de su lucha ideológica en el ?????? tema (no encuentro el término: espinoso, aburrido, trillado, valiente, inacabable, inagotable, incomprendido, what ever), de la igualdad de los sexos, define tajantemente muchas cosas como "poco intéligentes y degradantes para la condición de la mujer", me limito entonces a hablar por ese otro grupo, en el que yo tengo una pata metida: el de las cursis sin remedio.
¿Qué define a una mujer cursi? Muchas cosas, todas muy evidentes. El hablado meloso y aflautado, los apodos a los novios y a las(os) amigas(os) y las altas dosis de sensibilidad mal aplicada. Pero sobre todo, el mal gusto en casi todos los temas de la vida: parejas, canciones, mascotas, ropa y películas, por mencionar algunos.
Para no extenderme demasiado en la definición, diré que la RAE concuerda con este significado:

cursi.

Pues a mi, lo que me define como cursi, por cuasisilogismo aristotélico, es que me gustan algunas obras de artistas cursis. En partícular, “cineastas”. Personajes, cuyos nombres no sabía antes de escribir este post, (como Marc Lawrence, George Wing, Sharon Maguire, Robert Luketic, Andy Tennat o Roger Michell), pero de quienes si conozco muy bien algunas de sus obras maestras.
Aunque tengo memoria de elefante hasta para los luminotécnicos y los señores de los cables, se que a estos personajes de arriba, los olvidaré. Pero lo que es inolvidable de ellos son sus películas. Tal vez por que las pasan todos los sábados de la historia del universo en VH1.

lunes, 1 de junio de 2009

El verano se abrió paso en el día con fuerza. Después de una época con clima de huracán, en una ciudad anclada entre las montañas, el cielo azul sin una sola nube era casi una broma del dios de los meteorólogos. E… espero con calma el chubasco de la tarde, pero para su sorpresa y alegría, este, nunca llegó. Los cúmulos se amontonaron sin la violencia de otros días y terminaron por disiparse tranquilamente, dando paso a una noche llena de las pocas estrellas que pueden verse en Bogotá. Era 24 de diciembre. Los días seguirían así por lo menos hasta mediados de enero.
Acababa de llegar a la casa paterna. Llena de paquetes, se bajó del únicotaxientodalamalditaciudad, el cuál cazó con un arpón sobre la carrera séptima, a las 7 de la noche. Timbró y en la casa, casi vacía, se encendió una luz. Salió él. La navidad nunca sería igual a como fue, desde que la madre muriera un 24 de diciembre, siete años atrás, veinte días después de agonizar en una unidad de cuidados intensivos, y un día antes de cumplir cuarenta y nueve. Fue el final de la niñez. Y su coincidencia con la Navidad, obligaba a un celebrado recuerdo, año tras año.
La sonrisa nostálgica, pero llena de la emoción de ver a su pequeña recién emancipada, la devolvió al asfalto que pisaba, torpemente, tratando de mantenerse en pie sin dejar caer nada.
—Sabía que eras tú. Estaba pendiente desde que llamaste. ¿Porqué te demoraste tanto? ¿Algún problema con el taxi? Muchas gracias, señor. Muy amable usted. Que tenga muy feliz Navidad. Muy amable.— Y la retahíla hubiera continuado, si E… no lo hubiera interrumpido, con uno de esos gestos vehementes que tantos dolores de cabeza, recriminaciones y suplicas de perdón, le habían traído. Le entregó los paquetes sin mediar palabra y lo miro, con la cabeza un poco inclinada hacia abajo, a punto de poner los ojos en blanco. Él la conocía, y sin pensar que hubiera algo que perdonar, recibió todo, sumiso y feliz.
—No me lo vas a creer… bueno, sí, si lo creerás. Dejé las llaves del apartamento… dentro del apartamento. Y sin un minuto en el condenado celular para llamarte. Aunque no habría servido de nada. Finalmente no has querido cambiar las guardas y por eso es que no hay duplicados—, finalizo E… con un guiño cansado.
Y así, procedió a contarle, uno por uno, los sucesos de la accidentada tarde. Cómo, por darle unas galletas y un vino espumoso a uno de los celadores, terminó fuera de su casa, con las llaves equivocadas en la mano, conversando con Jorge, y esperando, con sentadito de sirena en la portería, al cerrajero más caro en la historia de las cerraduras sin llave.

lunes, 25 de mayo de 2009

...

Una historia de horror impresa en papel higiénico anuncian en Japón

Clic para ampliar

Foto: AP

El autor, Koji Suzuki, posa al lado de su obra más reciente.

En ese país, donde se cree tradicionalmente que los fantasmas se esconden en los retretes, una compañía está promocionando esta nueva experiencia literaria.

Cada rollo incluye varias copias de una novela de nueve capítulos escritos por Koji Suzuki, el autor japonés de la historia de horror Ring, que fue llevada a la pantalla grande en Japón y Hollywood.

El relato, titulado Drop, se sitúa en un baño público. Está impreso en aproximadamente 90 centímetros de un rollo y puede leerse en apenas unos minutos, según el fabricante, Hayashi Paper.

La compañía promueve el papel higiénico como "una experiencia de horror en el retrete". Cada rollo se venderá por 210 yenes (2,20 dólares).

Debido a las creencias religiosas, los retretes en Japón son instalados tradicionalmente en sitios oscuros de las casas.

Algunos padres asustan a sus hijos diciendo que una mano peluda podría salir del inodoro y llevárselos.

TOKIO (AP)

Em lembranza do vecino

Yo no quería.
Pero no era falta de intención, sino absoluta pereza.
El vecino murío. He tenido que matarlo el viernes, en vista de que, como Ángela predijó, toda esta semana pasó de inofensivo a ofensivo.
Yo le había dado la oportunidad de ser uno de esos personajes absolutamente insignificantes que cada cierto tiempo uno nombra en las conversaciones. Pero no. Él quería ser Pain in the ass con patas.
Entonces paila, tocó. Los dos pasamos a mejor vida.

No le tomé una fotografía ni antes ni después de su muerte, por que nunca fue muy fotogénico. Pero creo que la siguiente imagen...



... es la que mejor lo describe.

jueves, 21 de mayo de 2009

AUV

En estos día pensé que no quiero que este blog se convierta en un reflejo de cosas como frutraciones laborales, resentimientos u odios. Pensé que quiero que sea un sitio dónde lo más importante sea escribir bien y ser leida por unos cuantos o por muchos, pero sin transmitir nada, uhhhm... rancio.
Deshacerme de todo lo rancio, me ha hecho votar mucho material a la basura y esforzarme un poco más a la hora de pensar en que voy a publicar.

Sin embargo...

Aquí va una entrada que escribí el martes. Y hoy todavía, DESEO, que la lean.


Hace un tiempo, al ver los ensalzamientos y reacciones dulzonas que le prodigara una señora dizque de alta sociedad a este funesto personaje, pensé: “Uribe es el presidente de los oligarcas”. Pero después he conocido uno que otro oligarca que no es uribista. Y uno que otro “patiarrastrado” de clase media como uno, que si lo es.
Entonces pensé que Uribe es el presidente de aquellos que prefieren una carretera segura para poder ir a la costa, a darse cuenta de que el conflicto sigue, sólo que “escondido” en el campo o en comunas como Ciudad Bolívar y Agua Blanca. Y que cobra falsos positivos y gente asesinada a garrote en todo el mapa.
Un día también rebatí en una conversación que el personaje estuviera loco. Dije que si lo comparamos con Chávez, es “sólo" adicto al poder.
Me retracto. Pienso que Uribe está zafado y de verdad cree que es el Padre de la Patria, pero no como Bolívar sino como Dios. Un Bruce Almighty criollo que piensa que cuando un colombiano, en algún remoto lugar dice: “Dios nos libre”, se refiere a él.
Y la última cosa, de la que me dí cuenta hace poco, es que nuestro actual presidente se subió al poder para vengar la muerte del papá. Cómo Schwarzenegger, en cualquiera de las películas dónde le matan la esposa y los hijos. (A Schwarzenegger también le gusta la política.)
Hoy estoy mamada de verle la cara a este señor con complejo de mesías, producto de su goda familia que lo educó para creerse el salvador de este país, lo cuál me ha generado un serio conflicto de intereses, por que siento que de alguna manera estoy contribuyendo a alimentar la locura colectiva en que se ha convertido su nombre.
Y además, dudo de publicar esto.
Claramente, estoy ofuscada, furiosa.
Para calmarme, voy a recordar que son más de las 8 de la noche y no he podido almorzar (por culpa del mesías). Mi furia tal vez sea sólo mucha hambre.

jueves, 14 de mayo de 2009

Unos gritos de independencia


Hasta hoy llevaba un par de días sin salir de mi casa. Sin siquiera asomar la nariz a la puerta. Excepto por el vecino intenso del piso de abajo, que me grabó un CD de música brasileira y tales. Pero él no cuenta, por que no hubo ninguna intención de mi parte.
No he hecho otra cosa que dormir, comer, trabajar para Norma, ver Friends, leer Memorias póstumas de Brás Cubas en su idioma original, estudar português, trabajar en el proyecto para la maestría, leer blogs, cocinar, lavar la loza, barrer mis pelos negros y largos que parece que crecen en el piso, colgar ropa y limpiar las ventanas que estaban asquerosas, hacer ejercicios de 8 minutos para afirmar los brazos y cantar a grito herido bossa nova mientra lavo el baño.
Así que toda esta actividad y falta de sociabilidad (excepto por mi vecino, que sigue sin contar), me ha hecho “pensar a retazos”.
Aquí van algunos:

1. Soy Shreck en mi pantano. Me gusta mi pantano. Y no me gusta que venga nadie que no conozca sin ser invitado.
2. También soy El principito, barriendo el planeta, cuidando de la rosa y desyerbando baobabs.
3. Necesito una poltrona GIGANTE, que me contenga, cuan diminuta y enorme soy, para leer y ver el cielo desde la ventana de mi casa, mientras me tomo un té, un tinto o una agua de panela.
4. Cuándo me corto el pelo, pierdo la fuerza, como Sansón. Pero ya va siendo hora de hacer algo con toda esta fuerza, por que ya es casi un amenaza sanitaria. Y me aburre barrerla.
5. Me gustaría que al menos, hubiera un gato por aquí cerca, para visitarlo de cuando en cuando. Hay uno en Carulla, pero está muy lejos, y casi nunca nos encontramos.
6. Quiero un ojo mágico en la puerta, para poder espiar a los vecinos del frente, que sospecho interesantes. Y para saber cuando ande rondando Mister 206.
7. Estoy viendo una película en la que una señorita le desprecia una rosa a Gary Oldman. Papasito. ¿Cómo alguien hace eso? Vieja bruta. Claro que después él la secuestra.
8. Y por último, que cuando me aprietan bailando yo me siento sofocaa, pero si bailo con pepe, con pepe, no siento naa. (Y no es que pepe no apriete, sino que sabe apretar.)

lunes, 11 de mayo de 2009

Cosas de niñas

—Siento una cierta, ¿cómo decirlo?... melancolía, cuando pienso en mi edad, y en las cosas que puedo esperar de la idea de conocer a un hombre e involucrarme con él. Creo que es la certeza de que ya nada podrá sorprenderme, en cuanto a relaciones de pareja. Porque en el momento en que alguien lo haga, se que arruinaré el instante, con un temprano cinismo, prefigurando en mi cabeza todo lo que saldrá mal en uno o dos meses. Sabré que exactas palabras dirá. Sabré que gestos nerviosos tendrá y como evitará mis ojos. Ya me ha pasado. Pero lo que no puedo saber, es si sucede porque así funciona ahora el asunto de enamorarse, o porque yo lo llevo hasta allá, echando a perder todo con conjeturas. Uhmm, tampoco he logrado averiguar, si 28, son demasiado o muy poco. Me siento como una anciana inexperta. Sabia, pero inmadura...
—“Sabia, pero inmadura”. Creo que en eso radica all the fucking business. Ahora entiendo porque no te acuestas con nadie más de una vez.
—¿Ah, sí? ¿Y eso es por…? —dijo ella, replicando con una mirada que iba de la furia a la vergüenza.
—Por que ningún hombre cuerdo quiere cogerse a una eterna malcogida, por bien que se vea. El sexo es placer, querida. No teorías depresivas sobre tu crisis de la mediana edad—. Y diciendo esto soltó una risita perversa, que aumento el reproche en la expresión de ella. En mucho, él tenía razón.
Ahora él la miraba con una sonrisa llena sorna, pero también de algo más profundo, que ella no pudo rotular. No anticipó, y sonrió a su vez. Volvía a ser una niña, a sus muy mentados 28, y nuevamente un hombre la hacía sentir tonta. Lo único diferente ahora era, que no le importaba.
En realidad, había tenido una carrera emocional no muy larga. Pero, con su característica tendencia a sentirse vieja, –lo cuál no la hacía particularmente experta sino más bien agria–, veía su vida sentimental como una sucesión de decepciones que la habían vuelto una especie de romántica práctica. Desalentaba cualquier acercamiento no deseado de forma tajante, y si quería sexo con alguien en particular, buscaba de una manera simple, que sucediera. Pero, de forma evidente, vivía con la convicción de que un día pasaría algo tan extraordinario, como que la tierra se abriría, y de entre las raíces, lombrices y cadáveres de mascotas olvidadas, brotaría el hombre con el cual habría de llenarse de nietos. Su esfuerzo por negarlo era risible, hasta para un desconocido. Una típica feminista del tercer milenio. Amante de Simone de Beauvoir a públicas voces, pero al fin y al cabo, la misma mocosita aun no graduada del colegio de monjas.

martes, 5 de mayo de 2009

Lo que he aprendido sobre la comida, ahora que vivo sola

1. Mi mercado nunca es el mismo.
He visto a mucha gente, comprar con una lista predeterminada, que ningún mes o quincena cambia. Compran las mismas cosas, de las mismas marcas, mercado tras mercado, sin darse la posibilidad de variar. Claro, variar cosas pequeñas, implica variar costumbres no tan pequeñas, como dejar de hacer arroz blanco, o sopas de sobre. Sin embargo, hoy, después de 7 visitas al "súper", me di cuenta que no puedo con eso. Me hastío de los sabores pronto, y aunque se, que si la comida no fuera solo para mi, eso sería, realmente una joda, a mi me gusta buscarle el quiebre al asunto de la lista escrita en piedra.

2. Odio la comida precocida.
Sí, yo se. “No hay tiempo, nunca hay tiempo”. O “soy hombre, no cocino”. Pero es verdaderamente desgusting.
Una de las cosas que más me gustan de Santa Marta, además de que se demoren 2 horas para llevar el almuerzo a la mesa, es que ¡cortan y fríen por si mismos las papás a la francesa! Y son, una delicia difícil de encontrar, por lo menos aquí en Bogotá. Antes odiaba las papas congeladas, pero ahora me revuelven el estomágo. Así como me lo revuelve también la lasaña de microondas, con sabor a tierra de cementerio, que un día tuve la desgracia de traer a mi casita.
Un buen lema para cualquier cosa congelada sería: “Te ahorramos tiempo, a costa del sabor en tu vida... youuu bastaaard!”.

3. Amo las frutas.
Hoy, entré en una fase, particularmente extraña para mi, bote de la basura con recomendaciones. Y es que estaba extasiada en la sección de frutas. Cambié una buena porción de pasta y macarrone and cheese, por frutas de todos los estilos: uchuvas, fresas, mango, lulo (no tengo licuadora, pero me haré una “lulada machucada” para mi desayuno de mañana), naranja y granadilla. Escrito parece una exageración, pero en el punto siguiente, entenderán que no. (Bueno, cualquiera que me conozca, sabe que no.)
Creo que el cuerpo me lo está pidiendo. El libro en mi mesita de noche, ¿Qué es la meditación? de Editorial Norma, lo testifica.

4. Me como todo lo que compro.
Para algunas de las lectoras, parecerá una redundancia. Pero no. Duré un par de meses haciendo mercado por que tocaba. El primero fue enorme, pero la falta de sabor a hogar del lugar me quitaba el hambre. Llegaba entonces a donde mi papá, a acabar con lo que hubiera. Y luego me devolvía a mi casita, a hacer curso de faquir. Hoy me di cuenta que mientras la mayoría de las personas llevaban carros pequeños o medio vacíos, yo llevaba mi carrito lleno. De cosas que no verán la luz de Junio.

5. Me gusta la Pony Malta. Sí. Y que.

viernes, 1 de mayo de 2009

Hoy, en dos meses


Cuándo todavía andaba por ahí, mi papá le cantaba a mi mamá una canción de Julio Iglesias, que en su letra original dice: “Tiré tu pañuelo al río para mirarlo, cómo se hundía…”. Sólo que él le hacía una pequeña modificación, cambiando “tu pañuelo”, por “mi mujer”, y “mirarlo” por “mirarla”. Ella protestaba de inmediato con gran indignación y contestaba cosas como: “Siga así Juan Martínez y verá quién mira a quién hundirse”. Amor del puro. Amor con humor negro como el hollín del exosto de la motocicleta de mi papá. Pero amor.
Bueno, pues de hoy en dos meses, yo estaré tirando a mi mujer al río… Este (ó East River). En estos días pensé en esa frase, muy clara. Y hoy, primero de mayo, sale a relucir mientras recuerdo cosas de hace un año, como si hubieran sido ayer y un siglo al mismo tiempo. Hoy es un borroso obituario. Pero también es una cuenta regresiva.
Hoy además, pienso con extrañeza, en la costumbre de darle importancia a las fechas y a los aniversarios. Ese asunto de no dejar pasar el tiempo, sin convertirlo en un ciclo.
Supongo que es inevitable. Además los aniversarios son una obligada comparación. Un gráfico de esos, de Excel, que usan las empresas, para ver los resultados año tras año. A mi esas cosas me dan dolor de cabeza pero, ¿qué puedo decir? A la empresa le ha ido bien.
Hoy, lo verdaderamente importante, es que en dos meses, estaré preparando mi bicicleta para dar un agradable paseo por un puente, pequeñito, que cuelga sobre el East River. Y eso, nos hace muy felices, a mi mujer y a mi. Con todo y que ella se va a ahogar.

martes, 28 de abril de 2009

Humor rojo negro

Vi el blog de Perro, gato y ardilla. Y no pude evitar pensar en esto:


domingo, 26 de abril de 2009

Fade in white

Primer plano muy desenfocado, de lo que puede ser un techo. Unos rayones largos, entran en escena, desde arriba, abajo, derecha, e izquierda. Borrosos, parecen patas de araña, o un plumero, tal vez. Pero, no. Son pestañas. Con la nitidez, se descubre que en efecto, el techo es una pared, con alguna que otra fotografía y dibujos pegados en ella. Los techos a veces también pueden ser así. Techos adolescentes, con cosas pegadas. Pero está es una pared adulta. Y lo que la hace adulta, es que no sea un techo. Bueno, joven adulta. Una pared que se resiste a la total adultez, y más aún a la madurez.
La escena se va completando, y en principio es muy brillante. Enceguecida, por la entrada de la luz, es muy raro que la pupila haya intentado enfocar lo que tenía más lejos de su campo visual, cuando lo correcto es que lo primero que debería haber visto, era por su puesto, un color fuerte, pero al mismo tiempo mareado, que está frente a ella.
La patas de araña entran y salen del encuadre. Lentamente al principio. Luego rápido. Ahora las pestañas, todavía desenfocadas, se ven como los dientes de uno de esos monstruos de película, que parecen, más bien, un esfínter.
Descrita así, se puede pensar que es una toma larga. Sin embargo, en la acción, no han pasado ni 10 segundos. Para la cámara, que en este caso es nuestro sujeto, es una eternidad. Y mientras se enfoca, nueva y acertadamente en el color estridente y gastado que tiene en la distancia focal lógica, se da cuenta, oigase bien, la cámara, se da cuenta de que no conoce ese color. No lo conoce, ni por ser azul, ni por haberse lavado muchas veces, ni por como huele. Ahora las pestañas, patas de araña, dientes de monstruo, se agitan muchas veces más, y la desesperación de la cámara, se va haciendo evidente.
Fade in black.

domingo, 19 de abril de 2009

Trivialismo

La seriedad, como el humor negro, blanco y de todos los colores, es un tono constante en mí. Y bueno, en la mayoría de las personas, imagino yo. La tendencia de quienes me rodean, igual a la mía, es la de burlarse de todo en la vida. Absolutamente TODO. Es algo que he visto, disfrutado y compartido muchísimas veces.
Lo no trivial, es mucho más complicado de mostrar. A mi me hace sentir muy vulnerable tocar, con otros, temas en los que tengo una opinión demasiado mía y elaborada, como para someterla al aburrimiento ajeno, o la destrucción social.
En muchas ocasiones, uso, como en la entrada pasada, recursos de alta fiabilidad, como el chiste en el que uno es el protagonista. Creo que gran parte de mi propia confianza, la he podido construir a partir de ello.¡Es una gran desnudez decir esto!
Y es que, una de las razones que me hace empezar por el postre primero, en cualquier relación, (de amistad, negocios, romance, etc), es sentir la trivialidad que adquieren las palabras escuchadas o leídas por alguien diferente a quien las dice o las escribe. Todo puede ser trivial, en un contexto erróneo o mal entendido.
Sin embargo, no es a esa clase de trivialidad a la que la palabra trivialismos se refiere. Es mucho más pesada (o liviana, si se quiere) que eso.
Es la poca importancia que un pensamiento que esta inmerso en un mundo lleno de ruido, puede tener. Las palabras más brillantes pueden pasar y ser olvidadas, perdiendo todo su significado, en menos tiempo del que se imagine. Es gritar al lado de una turbina de avión. O por el contrario, susurrar en un hangar vacío, tratando de no ser escuchado, mientras el eco magnífica hasta el más mínimo sonido.
Es la hilaridad de lo que no es risible, y la gravidez de la idiotez (o al contrario, si se quiere).
Es saber que lo que desvela a mi vecino, a mi me importa un rábano. Que lo que me hace reír a mi, a él lo ofende. Que lo que lo divierte a él, a mi me aburre hasta el tuétano de los huesos. Que lo que yo pienso, digo y escribo, a él le sabe a mierda.

O que tal vez, uno conozca a alguien en el vecindario que aunque no llore con lo que yo lloro, lo entienda, y le interese.
Trivialismo es una idea escrita en la arena. Sin lo poético, que puede parecer.

martes, 14 de abril de 2009

El primero

Durante algunos días, he pensado en que, a mi, persona residenciada en Bogotá, Colombia, y quien gusta de escribir, –y lo saben bien quienes me hayan conocido desde mi más tierna infancia y mi menos tierna adolescencia–, me saldría muy bien hacer un blog.
Pero, entonces, pensé, “¿qué escribiré?”, y aun sin la respuesta, pensé también, “¿quién leerá?”, y sin detenerme a responder esto tampoco, continué, “¿qué querría leer?”.
Y desde esas tres preguntas, me he devanado los sesos, intentando llegar a la inspiración. A una idea genial. Tan genial como un post titulado “Momentos Briget Jones en la vida de Pat Mart”, (por que Patricia Martínez le quitaría ritmo a la frase, claro está).
En este relataría, por ejemplo, como en un almuerzo con un colega y un periodista, intenté atraer la atención del diseñador contando mi anécdota Asegurada para reír, de cuando mi madre me encontró muy ebria en la casa, y refiriéndose al tapete de la sala, me preguntó: —¿Aspiraste?, y yo respondí, en el colmo de la borrachera: —No, sólo tomé. Evidentemente, el diseñador encontró que el chascarrillo era un bodrio, y no sólo me miró con un gran ?, pintado en su carota, sino que a los dos segundos, condimentó la incredulidad con un poco de desprecio, mientras que por la mesa pasaba una enorme planta rodadora, que congeló el tiempo, más o menos, una agónica media hora.
Al mejor estilo Ross Geller, cuando Asegurada para reír tiene éxito, la complemento con Asegurada para reír II, que cuenta como mi padre me recibió en la puerta de la casa, muy borracha también, después un lanzamiento de un libro de la editorial, y me preguntó: —¿Fumaste?, a lo que yo respondí: —Sí, pero sólo tabaco.
Como es de esperarse en esta ocasión, en un acceso de sabiduría poco usual en mi, cerré el pico.
De ese primer estartazo de brillantez, podría saltar a otro post llamado “La importancia de llamarse Patricia Estefanía”, dónde, habría todo un tratado, acerca de cómo se pueden superar obstáculos tales como que el nombre de uno aparezca siempre escrito como MARTÍNEZ LINARES PATRICIA ESTE en la lista del colegio, la universidad, la maestría o aún en la banda púrpura del carro de la funeraria. Una historia llena de valentía, que da ejemplo de cómo se puede dejar una marca en los demás (eso es claro), y llevar una vida llena de dignidad, aún cuando la mejor amiga de uno, haya soltado una carcajada de días de duración cuando vio el nombre del remitente del mail, y desde ahí, el saludo sea “Hoooola Esteeeefffffff”.
Otro gracioso post, siguiendo con la tendencia de reírme de mi misma, podría ser “Taller than Kylie. Less that an inch, but taller”. In despite of its title, estaría escrito en buen español, y daría cuenta de la medida oficial de celebridades amadas a pesar de su reconocida poca “alzada”, como Shakira, Natalie Portman, Cristina Aguilera y Dustin Hoffman. La cereza del pastel sería que, Kylie Minogue, la cantante australiana, que muchos creen de la estatura de su coterránea Nicole, mide… ¡un metro cincuenta y cinco centímetros! Pero, no, señores. La verdadera cereza, o mejor, la aceituna del martini, sería que… ¡yo mido dos centímetros más que Kylie! (hagan sus cuentas, por que no lo diré).
Para este momento, si alguien ha terminado de leer alguna de estas terribles entradas, creo que ya me habrían insultado. Un poco. A lo menos.
Así que mientras el asunto se pule, a este lugar sólo tendrán acceso unos cuantos, que se que me insultarán también, y no de forma menos terrible que un desconocido resentido, de esos que engendra la web.
Pero por lo menos sabré sus nombres reales. Y sus direcciones y teléfonos.

P.D. A la autora de Diccionariodeobviedades.blogspot.com, le regalo el título de este blog, para que haga lo que quiera con él. Inventarse un significado, sería una buena opción.