martes, 28 de abril de 2009

Humor rojo negro

Vi el blog de Perro, gato y ardilla. Y no pude evitar pensar en esto:


domingo, 26 de abril de 2009

Fade in white

Primer plano muy desenfocado, de lo que puede ser un techo. Unos rayones largos, entran en escena, desde arriba, abajo, derecha, e izquierda. Borrosos, parecen patas de araña, o un plumero, tal vez. Pero, no. Son pestañas. Con la nitidez, se descubre que en efecto, el techo es una pared, con alguna que otra fotografía y dibujos pegados en ella. Los techos a veces también pueden ser así. Techos adolescentes, con cosas pegadas. Pero está es una pared adulta. Y lo que la hace adulta, es que no sea un techo. Bueno, joven adulta. Una pared que se resiste a la total adultez, y más aún a la madurez.
La escena se va completando, y en principio es muy brillante. Enceguecida, por la entrada de la luz, es muy raro que la pupila haya intentado enfocar lo que tenía más lejos de su campo visual, cuando lo correcto es que lo primero que debería haber visto, era por su puesto, un color fuerte, pero al mismo tiempo mareado, que está frente a ella.
La patas de araña entran y salen del encuadre. Lentamente al principio. Luego rápido. Ahora las pestañas, todavía desenfocadas, se ven como los dientes de uno de esos monstruos de película, que parecen, más bien, un esfínter.
Descrita así, se puede pensar que es una toma larga. Sin embargo, en la acción, no han pasado ni 10 segundos. Para la cámara, que en este caso es nuestro sujeto, es una eternidad. Y mientras se enfoca, nueva y acertadamente en el color estridente y gastado que tiene en la distancia focal lógica, se da cuenta, oigase bien, la cámara, se da cuenta de que no conoce ese color. No lo conoce, ni por ser azul, ni por haberse lavado muchas veces, ni por como huele. Ahora las pestañas, patas de araña, dientes de monstruo, se agitan muchas veces más, y la desesperación de la cámara, se va haciendo evidente.
Fade in black.

domingo, 19 de abril de 2009

Trivialismo

La seriedad, como el humor negro, blanco y de todos los colores, es un tono constante en mí. Y bueno, en la mayoría de las personas, imagino yo. La tendencia de quienes me rodean, igual a la mía, es la de burlarse de todo en la vida. Absolutamente TODO. Es algo que he visto, disfrutado y compartido muchísimas veces.
Lo no trivial, es mucho más complicado de mostrar. A mi me hace sentir muy vulnerable tocar, con otros, temas en los que tengo una opinión demasiado mía y elaborada, como para someterla al aburrimiento ajeno, o la destrucción social.
En muchas ocasiones, uso, como en la entrada pasada, recursos de alta fiabilidad, como el chiste en el que uno es el protagonista. Creo que gran parte de mi propia confianza, la he podido construir a partir de ello.¡Es una gran desnudez decir esto!
Y es que, una de las razones que me hace empezar por el postre primero, en cualquier relación, (de amistad, negocios, romance, etc), es sentir la trivialidad que adquieren las palabras escuchadas o leídas por alguien diferente a quien las dice o las escribe. Todo puede ser trivial, en un contexto erróneo o mal entendido.
Sin embargo, no es a esa clase de trivialidad a la que la palabra trivialismos se refiere. Es mucho más pesada (o liviana, si se quiere) que eso.
Es la poca importancia que un pensamiento que esta inmerso en un mundo lleno de ruido, puede tener. Las palabras más brillantes pueden pasar y ser olvidadas, perdiendo todo su significado, en menos tiempo del que se imagine. Es gritar al lado de una turbina de avión. O por el contrario, susurrar en un hangar vacío, tratando de no ser escuchado, mientras el eco magnífica hasta el más mínimo sonido.
Es la hilaridad de lo que no es risible, y la gravidez de la idiotez (o al contrario, si se quiere).
Es saber que lo que desvela a mi vecino, a mi me importa un rábano. Que lo que me hace reír a mi, a él lo ofende. Que lo que lo divierte a él, a mi me aburre hasta el tuétano de los huesos. Que lo que yo pienso, digo y escribo, a él le sabe a mierda.

O que tal vez, uno conozca a alguien en el vecindario que aunque no llore con lo que yo lloro, lo entienda, y le interese.
Trivialismo es una idea escrita en la arena. Sin lo poético, que puede parecer.

martes, 14 de abril de 2009

El primero

Durante algunos días, he pensado en que, a mi, persona residenciada en Bogotá, Colombia, y quien gusta de escribir, –y lo saben bien quienes me hayan conocido desde mi más tierna infancia y mi menos tierna adolescencia–, me saldría muy bien hacer un blog.
Pero, entonces, pensé, “¿qué escribiré?”, y aun sin la respuesta, pensé también, “¿quién leerá?”, y sin detenerme a responder esto tampoco, continué, “¿qué querría leer?”.
Y desde esas tres preguntas, me he devanado los sesos, intentando llegar a la inspiración. A una idea genial. Tan genial como un post titulado “Momentos Briget Jones en la vida de Pat Mart”, (por que Patricia Martínez le quitaría ritmo a la frase, claro está).
En este relataría, por ejemplo, como en un almuerzo con un colega y un periodista, intenté atraer la atención del diseñador contando mi anécdota Asegurada para reír, de cuando mi madre me encontró muy ebria en la casa, y refiriéndose al tapete de la sala, me preguntó: —¿Aspiraste?, y yo respondí, en el colmo de la borrachera: —No, sólo tomé. Evidentemente, el diseñador encontró que el chascarrillo era un bodrio, y no sólo me miró con un gran ?, pintado en su carota, sino que a los dos segundos, condimentó la incredulidad con un poco de desprecio, mientras que por la mesa pasaba una enorme planta rodadora, que congeló el tiempo, más o menos, una agónica media hora.
Al mejor estilo Ross Geller, cuando Asegurada para reír tiene éxito, la complemento con Asegurada para reír II, que cuenta como mi padre me recibió en la puerta de la casa, muy borracha también, después un lanzamiento de un libro de la editorial, y me preguntó: —¿Fumaste?, a lo que yo respondí: —Sí, pero sólo tabaco.
Como es de esperarse en esta ocasión, en un acceso de sabiduría poco usual en mi, cerré el pico.
De ese primer estartazo de brillantez, podría saltar a otro post llamado “La importancia de llamarse Patricia Estefanía”, dónde, habría todo un tratado, acerca de cómo se pueden superar obstáculos tales como que el nombre de uno aparezca siempre escrito como MARTÍNEZ LINARES PATRICIA ESTE en la lista del colegio, la universidad, la maestría o aún en la banda púrpura del carro de la funeraria. Una historia llena de valentía, que da ejemplo de cómo se puede dejar una marca en los demás (eso es claro), y llevar una vida llena de dignidad, aún cuando la mejor amiga de uno, haya soltado una carcajada de días de duración cuando vio el nombre del remitente del mail, y desde ahí, el saludo sea “Hoooola Esteeeefffffff”.
Otro gracioso post, siguiendo con la tendencia de reírme de mi misma, podría ser “Taller than Kylie. Less that an inch, but taller”. In despite of its title, estaría escrito en buen español, y daría cuenta de la medida oficial de celebridades amadas a pesar de su reconocida poca “alzada”, como Shakira, Natalie Portman, Cristina Aguilera y Dustin Hoffman. La cereza del pastel sería que, Kylie Minogue, la cantante australiana, que muchos creen de la estatura de su coterránea Nicole, mide… ¡un metro cincuenta y cinco centímetros! Pero, no, señores. La verdadera cereza, o mejor, la aceituna del martini, sería que… ¡yo mido dos centímetros más que Kylie! (hagan sus cuentas, por que no lo diré).
Para este momento, si alguien ha terminado de leer alguna de estas terribles entradas, creo que ya me habrían insultado. Un poco. A lo menos.
Así que mientras el asunto se pule, a este lugar sólo tendrán acceso unos cuantos, que se que me insultarán también, y no de forma menos terrible que un desconocido resentido, de esos que engendra la web.
Pero por lo menos sabré sus nombres reales. Y sus direcciones y teléfonos.

P.D. A la autora de Diccionariodeobviedades.blogspot.com, le regalo el título de este blog, para que haga lo que quiera con él. Inventarse un significado, sería una buena opción.