lunes, 25 de mayo de 2009

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Una historia de horror impresa en papel higiénico anuncian en Japón

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Foto: AP

El autor, Koji Suzuki, posa al lado de su obra más reciente.

En ese país, donde se cree tradicionalmente que los fantasmas se esconden en los retretes, una compañía está promocionando esta nueva experiencia literaria.

Cada rollo incluye varias copias de una novela de nueve capítulos escritos por Koji Suzuki, el autor japonés de la historia de horror Ring, que fue llevada a la pantalla grande en Japón y Hollywood.

El relato, titulado Drop, se sitúa en un baño público. Está impreso en aproximadamente 90 centímetros de un rollo y puede leerse en apenas unos minutos, según el fabricante, Hayashi Paper.

La compañía promueve el papel higiénico como "una experiencia de horror en el retrete". Cada rollo se venderá por 210 yenes (2,20 dólares).

Debido a las creencias religiosas, los retretes en Japón son instalados tradicionalmente en sitios oscuros de las casas.

Algunos padres asustan a sus hijos diciendo que una mano peluda podría salir del inodoro y llevárselos.

TOKIO (AP)

Em lembranza do vecino

Yo no quería.
Pero no era falta de intención, sino absoluta pereza.
El vecino murío. He tenido que matarlo el viernes, en vista de que, como Ángela predijó, toda esta semana pasó de inofensivo a ofensivo.
Yo le había dado la oportunidad de ser uno de esos personajes absolutamente insignificantes que cada cierto tiempo uno nombra en las conversaciones. Pero no. Él quería ser Pain in the ass con patas.
Entonces paila, tocó. Los dos pasamos a mejor vida.

No le tomé una fotografía ni antes ni después de su muerte, por que nunca fue muy fotogénico. Pero creo que la siguiente imagen...



... es la que mejor lo describe.

jueves, 21 de mayo de 2009

AUV

En estos día pensé que no quiero que este blog se convierta en un reflejo de cosas como frutraciones laborales, resentimientos u odios. Pensé que quiero que sea un sitio dónde lo más importante sea escribir bien y ser leida por unos cuantos o por muchos, pero sin transmitir nada, uhhhm... rancio.
Deshacerme de todo lo rancio, me ha hecho votar mucho material a la basura y esforzarme un poco más a la hora de pensar en que voy a publicar.

Sin embargo...

Aquí va una entrada que escribí el martes. Y hoy todavía, DESEO, que la lean.


Hace un tiempo, al ver los ensalzamientos y reacciones dulzonas que le prodigara una señora dizque de alta sociedad a este funesto personaje, pensé: “Uribe es el presidente de los oligarcas”. Pero después he conocido uno que otro oligarca que no es uribista. Y uno que otro “patiarrastrado” de clase media como uno, que si lo es.
Entonces pensé que Uribe es el presidente de aquellos que prefieren una carretera segura para poder ir a la costa, a darse cuenta de que el conflicto sigue, sólo que “escondido” en el campo o en comunas como Ciudad Bolívar y Agua Blanca. Y que cobra falsos positivos y gente asesinada a garrote en todo el mapa.
Un día también rebatí en una conversación que el personaje estuviera loco. Dije que si lo comparamos con Chávez, es “sólo" adicto al poder.
Me retracto. Pienso que Uribe está zafado y de verdad cree que es el Padre de la Patria, pero no como Bolívar sino como Dios. Un Bruce Almighty criollo que piensa que cuando un colombiano, en algún remoto lugar dice: “Dios nos libre”, se refiere a él.
Y la última cosa, de la que me dí cuenta hace poco, es que nuestro actual presidente se subió al poder para vengar la muerte del papá. Cómo Schwarzenegger, en cualquiera de las películas dónde le matan la esposa y los hijos. (A Schwarzenegger también le gusta la política.)
Hoy estoy mamada de verle la cara a este señor con complejo de mesías, producto de su goda familia que lo educó para creerse el salvador de este país, lo cuál me ha generado un serio conflicto de intereses, por que siento que de alguna manera estoy contribuyendo a alimentar la locura colectiva en que se ha convertido su nombre.
Y además, dudo de publicar esto.
Claramente, estoy ofuscada, furiosa.
Para calmarme, voy a recordar que son más de las 8 de la noche y no he podido almorzar (por culpa del mesías). Mi furia tal vez sea sólo mucha hambre.

jueves, 14 de mayo de 2009

Unos gritos de independencia


Hasta hoy llevaba un par de días sin salir de mi casa. Sin siquiera asomar la nariz a la puerta. Excepto por el vecino intenso del piso de abajo, que me grabó un CD de música brasileira y tales. Pero él no cuenta, por que no hubo ninguna intención de mi parte.
No he hecho otra cosa que dormir, comer, trabajar para Norma, ver Friends, leer Memorias póstumas de Brás Cubas en su idioma original, estudar português, trabajar en el proyecto para la maestría, leer blogs, cocinar, lavar la loza, barrer mis pelos negros y largos que parece que crecen en el piso, colgar ropa y limpiar las ventanas que estaban asquerosas, hacer ejercicios de 8 minutos para afirmar los brazos y cantar a grito herido bossa nova mientra lavo el baño.
Así que toda esta actividad y falta de sociabilidad (excepto por mi vecino, que sigue sin contar), me ha hecho “pensar a retazos”.
Aquí van algunos:

1. Soy Shreck en mi pantano. Me gusta mi pantano. Y no me gusta que venga nadie que no conozca sin ser invitado.
2. También soy El principito, barriendo el planeta, cuidando de la rosa y desyerbando baobabs.
3. Necesito una poltrona GIGANTE, que me contenga, cuan diminuta y enorme soy, para leer y ver el cielo desde la ventana de mi casa, mientras me tomo un té, un tinto o una agua de panela.
4. Cuándo me corto el pelo, pierdo la fuerza, como Sansón. Pero ya va siendo hora de hacer algo con toda esta fuerza, por que ya es casi un amenaza sanitaria. Y me aburre barrerla.
5. Me gustaría que al menos, hubiera un gato por aquí cerca, para visitarlo de cuando en cuando. Hay uno en Carulla, pero está muy lejos, y casi nunca nos encontramos.
6. Quiero un ojo mágico en la puerta, para poder espiar a los vecinos del frente, que sospecho interesantes. Y para saber cuando ande rondando Mister 206.
7. Estoy viendo una película en la que una señorita le desprecia una rosa a Gary Oldman. Papasito. ¿Cómo alguien hace eso? Vieja bruta. Claro que después él la secuestra.
8. Y por último, que cuando me aprietan bailando yo me siento sofocaa, pero si bailo con pepe, con pepe, no siento naa. (Y no es que pepe no apriete, sino que sabe apretar.)

lunes, 11 de mayo de 2009

Cosas de niñas

—Siento una cierta, ¿cómo decirlo?... melancolía, cuando pienso en mi edad, y en las cosas que puedo esperar de la idea de conocer a un hombre e involucrarme con él. Creo que es la certeza de que ya nada podrá sorprenderme, en cuanto a relaciones de pareja. Porque en el momento en que alguien lo haga, se que arruinaré el instante, con un temprano cinismo, prefigurando en mi cabeza todo lo que saldrá mal en uno o dos meses. Sabré que exactas palabras dirá. Sabré que gestos nerviosos tendrá y como evitará mis ojos. Ya me ha pasado. Pero lo que no puedo saber, es si sucede porque así funciona ahora el asunto de enamorarse, o porque yo lo llevo hasta allá, echando a perder todo con conjeturas. Uhmm, tampoco he logrado averiguar, si 28, son demasiado o muy poco. Me siento como una anciana inexperta. Sabia, pero inmadura...
—“Sabia, pero inmadura”. Creo que en eso radica all the fucking business. Ahora entiendo porque no te acuestas con nadie más de una vez.
—¿Ah, sí? ¿Y eso es por…? —dijo ella, replicando con una mirada que iba de la furia a la vergüenza.
—Por que ningún hombre cuerdo quiere cogerse a una eterna malcogida, por bien que se vea. El sexo es placer, querida. No teorías depresivas sobre tu crisis de la mediana edad—. Y diciendo esto soltó una risita perversa, que aumento el reproche en la expresión de ella. En mucho, él tenía razón.
Ahora él la miraba con una sonrisa llena sorna, pero también de algo más profundo, que ella no pudo rotular. No anticipó, y sonrió a su vez. Volvía a ser una niña, a sus muy mentados 28, y nuevamente un hombre la hacía sentir tonta. Lo único diferente ahora era, que no le importaba.
En realidad, había tenido una carrera emocional no muy larga. Pero, con su característica tendencia a sentirse vieja, –lo cuál no la hacía particularmente experta sino más bien agria–, veía su vida sentimental como una sucesión de decepciones que la habían vuelto una especie de romántica práctica. Desalentaba cualquier acercamiento no deseado de forma tajante, y si quería sexo con alguien en particular, buscaba de una manera simple, que sucediera. Pero, de forma evidente, vivía con la convicción de que un día pasaría algo tan extraordinario, como que la tierra se abriría, y de entre las raíces, lombrices y cadáveres de mascotas olvidadas, brotaría el hombre con el cual habría de llenarse de nietos. Su esfuerzo por negarlo era risible, hasta para un desconocido. Una típica feminista del tercer milenio. Amante de Simone de Beauvoir a públicas voces, pero al fin y al cabo, la misma mocosita aun no graduada del colegio de monjas.

martes, 5 de mayo de 2009

Lo que he aprendido sobre la comida, ahora que vivo sola

1. Mi mercado nunca es el mismo.
He visto a mucha gente, comprar con una lista predeterminada, que ningún mes o quincena cambia. Compran las mismas cosas, de las mismas marcas, mercado tras mercado, sin darse la posibilidad de variar. Claro, variar cosas pequeñas, implica variar costumbres no tan pequeñas, como dejar de hacer arroz blanco, o sopas de sobre. Sin embargo, hoy, después de 7 visitas al "súper", me di cuenta que no puedo con eso. Me hastío de los sabores pronto, y aunque se, que si la comida no fuera solo para mi, eso sería, realmente una joda, a mi me gusta buscarle el quiebre al asunto de la lista escrita en piedra.

2. Odio la comida precocida.
Sí, yo se. “No hay tiempo, nunca hay tiempo”. O “soy hombre, no cocino”. Pero es verdaderamente desgusting.
Una de las cosas que más me gustan de Santa Marta, además de que se demoren 2 horas para llevar el almuerzo a la mesa, es que ¡cortan y fríen por si mismos las papás a la francesa! Y son, una delicia difícil de encontrar, por lo menos aquí en Bogotá. Antes odiaba las papas congeladas, pero ahora me revuelven el estomágo. Así como me lo revuelve también la lasaña de microondas, con sabor a tierra de cementerio, que un día tuve la desgracia de traer a mi casita.
Un buen lema para cualquier cosa congelada sería: “Te ahorramos tiempo, a costa del sabor en tu vida... youuu bastaaard!”.

3. Amo las frutas.
Hoy, entré en una fase, particularmente extraña para mi, bote de la basura con recomendaciones. Y es que estaba extasiada en la sección de frutas. Cambié una buena porción de pasta y macarrone and cheese, por frutas de todos los estilos: uchuvas, fresas, mango, lulo (no tengo licuadora, pero me haré una “lulada machucada” para mi desayuno de mañana), naranja y granadilla. Escrito parece una exageración, pero en el punto siguiente, entenderán que no. (Bueno, cualquiera que me conozca, sabe que no.)
Creo que el cuerpo me lo está pidiendo. El libro en mi mesita de noche, ¿Qué es la meditación? de Editorial Norma, lo testifica.

4. Me como todo lo que compro.
Para algunas de las lectoras, parecerá una redundancia. Pero no. Duré un par de meses haciendo mercado por que tocaba. El primero fue enorme, pero la falta de sabor a hogar del lugar me quitaba el hambre. Llegaba entonces a donde mi papá, a acabar con lo que hubiera. Y luego me devolvía a mi casita, a hacer curso de faquir. Hoy me di cuenta que mientras la mayoría de las personas llevaban carros pequeños o medio vacíos, yo llevaba mi carrito lleno. De cosas que no verán la luz de Junio.

5. Me gusta la Pony Malta. Sí. Y que.

viernes, 1 de mayo de 2009

Hoy, en dos meses


Cuándo todavía andaba por ahí, mi papá le cantaba a mi mamá una canción de Julio Iglesias, que en su letra original dice: “Tiré tu pañuelo al río para mirarlo, cómo se hundía…”. Sólo que él le hacía una pequeña modificación, cambiando “tu pañuelo”, por “mi mujer”, y “mirarlo” por “mirarla”. Ella protestaba de inmediato con gran indignación y contestaba cosas como: “Siga así Juan Martínez y verá quién mira a quién hundirse”. Amor del puro. Amor con humor negro como el hollín del exosto de la motocicleta de mi papá. Pero amor.
Bueno, pues de hoy en dos meses, yo estaré tirando a mi mujer al río… Este (ó East River). En estos días pensé en esa frase, muy clara. Y hoy, primero de mayo, sale a relucir mientras recuerdo cosas de hace un año, como si hubieran sido ayer y un siglo al mismo tiempo. Hoy es un borroso obituario. Pero también es una cuenta regresiva.
Hoy además, pienso con extrañeza, en la costumbre de darle importancia a las fechas y a los aniversarios. Ese asunto de no dejar pasar el tiempo, sin convertirlo en un ciclo.
Supongo que es inevitable. Además los aniversarios son una obligada comparación. Un gráfico de esos, de Excel, que usan las empresas, para ver los resultados año tras año. A mi esas cosas me dan dolor de cabeza pero, ¿qué puedo decir? A la empresa le ha ido bien.
Hoy, lo verdaderamente importante, es que en dos meses, estaré preparando mi bicicleta para dar un agradable paseo por un puente, pequeñito, que cuelga sobre el East River. Y eso, nos hace muy felices, a mi mujer y a mi. Con todo y que ella se va a ahogar.