martes, 5 de mayo de 2009

Lo que he aprendido sobre la comida, ahora que vivo sola

1. Mi mercado nunca es el mismo.
He visto a mucha gente, comprar con una lista predeterminada, que ningún mes o quincena cambia. Compran las mismas cosas, de las mismas marcas, mercado tras mercado, sin darse la posibilidad de variar. Claro, variar cosas pequeñas, implica variar costumbres no tan pequeñas, como dejar de hacer arroz blanco, o sopas de sobre. Sin embargo, hoy, después de 7 visitas al "súper", me di cuenta que no puedo con eso. Me hastío de los sabores pronto, y aunque se, que si la comida no fuera solo para mi, eso sería, realmente una joda, a mi me gusta buscarle el quiebre al asunto de la lista escrita en piedra.

2. Odio la comida precocida.
Sí, yo se. “No hay tiempo, nunca hay tiempo”. O “soy hombre, no cocino”. Pero es verdaderamente desgusting.
Una de las cosas que más me gustan de Santa Marta, además de que se demoren 2 horas para llevar el almuerzo a la mesa, es que ¡cortan y fríen por si mismos las papás a la francesa! Y son, una delicia difícil de encontrar, por lo menos aquí en Bogotá. Antes odiaba las papas congeladas, pero ahora me revuelven el estomágo. Así como me lo revuelve también la lasaña de microondas, con sabor a tierra de cementerio, que un día tuve la desgracia de traer a mi casita.
Un buen lema para cualquier cosa congelada sería: “Te ahorramos tiempo, a costa del sabor en tu vida... youuu bastaaard!”.

3. Amo las frutas.
Hoy, entré en una fase, particularmente extraña para mi, bote de la basura con recomendaciones. Y es que estaba extasiada en la sección de frutas. Cambié una buena porción de pasta y macarrone and cheese, por frutas de todos los estilos: uchuvas, fresas, mango, lulo (no tengo licuadora, pero me haré una “lulada machucada” para mi desayuno de mañana), naranja y granadilla. Escrito parece una exageración, pero en el punto siguiente, entenderán que no. (Bueno, cualquiera que me conozca, sabe que no.)
Creo que el cuerpo me lo está pidiendo. El libro en mi mesita de noche, ¿Qué es la meditación? de Editorial Norma, lo testifica.

4. Me como todo lo que compro.
Para algunas de las lectoras, parecerá una redundancia. Pero no. Duré un par de meses haciendo mercado por que tocaba. El primero fue enorme, pero la falta de sabor a hogar del lugar me quitaba el hambre. Llegaba entonces a donde mi papá, a acabar con lo que hubiera. Y luego me devolvía a mi casita, a hacer curso de faquir. Hoy me di cuenta que mientras la mayoría de las personas llevaban carros pequeños o medio vacíos, yo llevaba mi carrito lleno. De cosas que no verán la luz de Junio.

5. Me gusta la Pony Malta. Sí. Y que.

2 comentarios:

  1. Sí, a mi me consta que Patricia se come todo lo que compra. Especialmente después de las fiestas.

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  2. Esta vez no compré queso para untar. Creo que no podré verlo igual durante un tiempo. A menos que... jeje, mentiras

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