miércoles, 17 de junio de 2009

Botíca

Está noche hay varias cosas, acerca de las cuales quisiera hablar.

1. El sano derecho a la antipatía
Este término se lo escuché a un profesor de la universidad, que es (o era, no se, la gente se muere) bastante antipático. Mide 1.90 mts, discriminados de esta forma: 1,50 mts de carne, hueso y visceras; 0,15 mts de parla y 0, 25 mts de aureola ególatra. Pero es un tipo inteligente, sin duda.
El asunto salió como respuesta a un alumno, que muy orgulloso de sí, comentó que él “siempre saludaba al subirse a un bus” (o sea, esa clase de persona que tiene la cortesía casi como una religión y se sienten súper superiores a los demás por eso). Entonces, el profesor le contestó que a él le parecía bien que alguien tuviera esa clase de códigos de comportamiento, pero que le parecía un asco que creyeran que todos a su alrededor debían adoptarlo. Algo muy parecido a lo que pasa con todos los fundamentalistas: vegetarianos, antitaurinos, hinchas de futbol, practicantes religiosos, ex fumadores, ex alcohólicos, ex drogadictos, etc.
El derecho a la antipatía, es definitivamente, uno de los que más defiendo, y hago uso. Obvio, no sin sufrir los calificativos y juicios de amigos y desconocidos. Un ejemplo muy puntual de esto es el siguiente. Hace muy poco, en la fiesta de matrimonio de un ex novio y muy buen amigo, me encontraba yo, sentada tomándome un whisky, sola. No conocía a casi nadie, pero cuando uno ha estado solo un buen tiempo, eso no es problema. Estaba además, examinando con bastante interés al hermano del novio, (o sea mi ex cuñado), a quién no había visto desde unos ocho años atrás. Y de pronto llega Imbécil. Quién no lo habría sido ni por ser menor que yo, ni por hablar de tonterías, ni forzarme a bailar, cuando ya no podía con mis pies. No. Él se ganó el nombre cuando me dijo: “¿Y tú siempre eres así de cerrada? Porque te ves una persona muy repelente”. You asshole!!!! —Imbécil —le dije yo, —en este momento quisiera estar logrando algún acuerdo sexual con él (mientras señalaba con la cabeza a Excuñado), y no perdiendo el sentido del oído con tus infames babosadas. Esa es la razón de mi repelencia. La ajusté en Idiotas, pero al parecer, no funciona.
El derecho a la antipatía es poder quedarse tranquilo en un lugar sin determinar a nadie. Sin buscar ningún acercamiento especifíco, y en caso de que toque, poder despacharlo sin la pantomima de las sonrisas y las afectaciones que uno muchas veces no tiene o no le nacen. Es que para mi, los demás seres humanos del mundo (no soy antipatíca ni con perros, ni con gatos, ni con otros seres vivientes no humanos) sean la nada. Es no conversar porque sí, ni escucharle las tonterias e intrascendencias a un don nadie. Va en dirección contraria a la "educación", completamente. Y yo lo defenderé hasta que sea una anciana antipatíca (si es que llego a anciana, uno no sabe).

2. La gente que culpa a Dios por algo
Con estas cosas que han pasado últimamente en el mundo (el avión que se cayó, el jardín de niños que se incendió, el niño al que mató la mamá, el violador, etc), uno oye y lee cosas en noticieros, periódicos y la vida en general como: ¿Y dónde estaba Dios?
Yo no soy religiosa, pero no soy atea. De hecho tengo muchos intereses de orden espiritual (a ver si dejo de ser antipática). Pero exclamaciones como estas me parecen estúpidas e injustas. La gente se muere. La gente DEBE morirse. A la gente le pasan cosas. Tristes, jartas, horribles, pero al fin y al cabo, eso tiene que ser así. Nadie se va del mundo sin que tenga que vivir alguna experiencia traumática. Nadie. Y eso no lo hace especial, o mejor persona, entendiendo la situación misma casi como un don: “algo que me pasó a mi y no a ti, y por eso soy mejor que tú”. Pero, sobre todo: no es culpa de Dios. Es culpa de las personas. Es la vida. O karma.

3. El derecho a la infelicidad temporal
Digamos que a Fulano le esta llendo bien. Tiene platica, amigos, cero problemas, cero deudas, cero temas que le amarguen la vida. Es un tipo tranquilo. Pero un día, Fulano se levanta triste. Algo le falta. Una pareja, un ascenso, tiempo para viajar más. En balance todo está bien. Él lo sabe y no se queja. Pero ese día algo no lo está. Y se lo cuenta a Otro alguien. Comete ese error. Porque ese Otro alguien lo despacha con una lista de todas las razones que tiene para no joderle la vida a los demás “con problemas que no lo son”. Pues bueno. Yo creo que, de cuando en cuando, uno tiene derecho a ser un infeliz, aunque todo “esté bien”. A quejarse, y a mirar con desdeño las razones para la propia felicidad, sin pensar que está pateando la lonchera.
A no agradecer a la vida todas las mañanas por que el asteroide aun no ha caído.

Y como apéndice:
Acabo de leer un post de alguien que ni conozco, acerca de lo vanas que le parecen las figuras paternas. El autor termina diciendo que le cae como un trasero la gente que tiene una devoción especial por ellas.
En mi caso partícular, a pesar de tener un par de recuerdos muy amargos de ella, yo tengo Devoción por mi mamá. Con D. Me imagino que mucho tiene que ver con que está muerta. Pero yo la adoro. Así. Con idolatría. La cito todo el tiempo, pienso en que haría, pienso que pensaría de mí. Y a mi papá, con todos sus defectos, con todas sus mañas, con todas esas taras con que los papás de ellos (verdaderos monstruos) y la vida, les causaron, también. O sea, como no, cuando este señor se desvive por mi. Aun cuando yo llevo un tiempo haciendo la tarea de quitarme las taras que a su vez me dejó él, y hoy sin miedo a mentir, puedo decir que soy muchísimo más fuerte que él.
Mi estructura familiar es muy extraña. No tengo afecto ni por mis abuelos, ni por mis tios, ni por mis primos. No los conozco y no recuerdo ni sus nombres, ni sus rostros. Mi familia son mi papá, mi hermana y mis dos gatas. Doy mi vida por ellos y ellos por mi. Pero ni siquiera hablamos todos los días. Pueden pasar un par de semana sin que yo los visite. Mi papá casi no me llama. Y mi hermana tampoco. Somos todos completamente defectuosos (excepto Luna y Alekos que son PERFECTAS). Incluida mi mamá que no duró lo que esperabamos.
Y tengo franca devoción por ellos.

jueves, 11 de junio de 2009

Películas cursis I. Aka: comedias románticas

(Significando cursi lo que la mayoría de la gente entiende).

La de este post se llama Music and Lyrics, y es protagonizada por la nueva potentada de la comedia romántica gringa: Drew Barrymore; y Hugh Grant, el Morgan Freeman blanco, (por que siempre actúa como si mismo, cosa que le perdono, por ser guapo y por que me gustan sus gestos con las cejas).

Es la historia de Alex Fletcher, un tipo que fue una estrella POP de los ochenta (así se llamaba el grupo en el que estaba, POP). Un mediocre que vive de sus glorias pasadas, cantando en ferias, reuniones de exalumnos de la promoción del año 87, y parques de diversiones. Su mayor logró en la actualidad es ser tenido en cuenta por los productores de un reality, donde cantantes pasados de moda se dan trompadas en un ring de boxeo y su mayor ambición es presentarse en Busch Gardens y Disneylandia. Un día se encuentra con Sophie Fisher, una semiescritora, insegura e hipocondríaca que vive de hacer tareas varias, por que aunque no es bruta, es al igual que él, una conformista y no ha tenido las agallas de hacer lo que quiere, o sea escribir. Se escuda en una de esas historias dolorosas y ridículas que todo el mundo tiene. Y la saca a relucir cada vez que puede, como un tesoro que en realidad es sólo boñiga seca, como una justificación de lo poquito que ha hecho con su vida.
Entonces, un día al tipo lo contratan para hacer una canción. Cosa que, claramente no puede por que para pagar el arriendo, hace rato no ha tenido que usar el cerebro, por lo menos no para componer. Por cosas de la vida en el cine, después de conocer a Sophie, esta resulta ser una letrista natural: "a natural born lyricist, a Cole Porter in panties". Y es ahí donde está la magia de este argumento: estas dos “medias” naranjas, se juntan, y ya juntados los dos, hacen UN buen músico y compositor. Un profesional bastante aceptable y hasta exitoso. Solos son basura e insignificantes. Pero juntos hacen la naranja (frase cursi para la posteridad). Y el resto, bueno, toca verlo.
Todo eso es lo que me gusta de esta película, (a parte de Hugh Grant). Que son dos perdedores. Que nadie rescata a nadie. Encuentro además, a Sophie un poco parecida a mi: menuda y peinada por un vendaval, tiene una hermana bastantona y grandota (bueno, grandota es un decir) que se pone blusas escotadas brillantosas, llamada Rhonda (a mi hermana le decimos Nanda). Lo del trauma me ha definido un par de veces en mi vida también. Todas estás comparaciones que me hacen más cursi aún.
El humor que tiene es mucho más sutil que otras películas de su genero, que sin pensarlo dos veces usan chistes literalmente asquerosos, de esos que los gringos disfrutan tanto. De hecho es bastante ingenua. Y para ilustrar esto, va a continuación un pedazo de la letra de la canción insignia del grupo de Alex Fletcher:

I never thought that I could be so satisfied
Every time that I look in your angel eyes
A shock inside me that words just can’t describe
And there’s no explaining

Something in the way you move I can’t deny
Every word from your lips is a lullaby
A twist of fate makes life worthwhile
You are gold and silver

I said I wasn’t gonna lose my head
But then pop! Goes my heart
(Pop! Goes my heart)
I wasn’t gonna fall in love again
But then pop! Goes my heart
(Pop! Goes my heart)
And I just can’t let you go
I can’t lose this feeling

El tema de las comedias románticas, da para muuucchos post. Seré una desocupada, pero pienso en ellas muy a menudo. Como no lo tengo claro del todo, solo puedo decir que la próxima entrada acerca de esto se titulará La estructura básica de la comedia romántica estándar: variantes américas y variantes inglesas.

Cursi

El preámbulo a la siguiente entrada. (Películas cursis I. Aka: Comedia romántica)

No pudiendo hablar por una buena porción de la población femenina, que en aras de su lucha ideológica en el ?????? tema (no encuentro el término: espinoso, aburrido, trillado, valiente, inacabable, inagotable, incomprendido, what ever), de la igualdad de los sexos, define tajantemente muchas cosas como "poco intéligentes y degradantes para la condición de la mujer", me limito entonces a hablar por ese otro grupo, en el que yo tengo una pata metida: el de las cursis sin remedio.
¿Qué define a una mujer cursi? Muchas cosas, todas muy evidentes. El hablado meloso y aflautado, los apodos a los novios y a las(os) amigas(os) y las altas dosis de sensibilidad mal aplicada. Pero sobre todo, el mal gusto en casi todos los temas de la vida: parejas, canciones, mascotas, ropa y películas, por mencionar algunos.
Para no extenderme demasiado en la definición, diré que la RAE concuerda con este significado:

cursi.

Pues a mi, lo que me define como cursi, por cuasisilogismo aristotélico, es que me gustan algunas obras de artistas cursis. En partícular, “cineastas”. Personajes, cuyos nombres no sabía antes de escribir este post, (como Marc Lawrence, George Wing, Sharon Maguire, Robert Luketic, Andy Tennat o Roger Michell), pero de quienes si conozco muy bien algunas de sus obras maestras.
Aunque tengo memoria de elefante hasta para los luminotécnicos y los señores de los cables, se que a estos personajes de arriba, los olvidaré. Pero lo que es inolvidable de ellos son sus películas. Tal vez por que las pasan todos los sábados de la historia del universo en VH1.

lunes, 1 de junio de 2009

El verano se abrió paso en el día con fuerza. Después de una época con clima de huracán, en una ciudad anclada entre las montañas, el cielo azul sin una sola nube era casi una broma del dios de los meteorólogos. E… espero con calma el chubasco de la tarde, pero para su sorpresa y alegría, este, nunca llegó. Los cúmulos se amontonaron sin la violencia de otros días y terminaron por disiparse tranquilamente, dando paso a una noche llena de las pocas estrellas que pueden verse en Bogotá. Era 24 de diciembre. Los días seguirían así por lo menos hasta mediados de enero.
Acababa de llegar a la casa paterna. Llena de paquetes, se bajó del únicotaxientodalamalditaciudad, el cuál cazó con un arpón sobre la carrera séptima, a las 7 de la noche. Timbró y en la casa, casi vacía, se encendió una luz. Salió él. La navidad nunca sería igual a como fue, desde que la madre muriera un 24 de diciembre, siete años atrás, veinte días después de agonizar en una unidad de cuidados intensivos, y un día antes de cumplir cuarenta y nueve. Fue el final de la niñez. Y su coincidencia con la Navidad, obligaba a un celebrado recuerdo, año tras año.
La sonrisa nostálgica, pero llena de la emoción de ver a su pequeña recién emancipada, la devolvió al asfalto que pisaba, torpemente, tratando de mantenerse en pie sin dejar caer nada.
—Sabía que eras tú. Estaba pendiente desde que llamaste. ¿Porqué te demoraste tanto? ¿Algún problema con el taxi? Muchas gracias, señor. Muy amable usted. Que tenga muy feliz Navidad. Muy amable.— Y la retahíla hubiera continuado, si E… no lo hubiera interrumpido, con uno de esos gestos vehementes que tantos dolores de cabeza, recriminaciones y suplicas de perdón, le habían traído. Le entregó los paquetes sin mediar palabra y lo miro, con la cabeza un poco inclinada hacia abajo, a punto de poner los ojos en blanco. Él la conocía, y sin pensar que hubiera algo que perdonar, recibió todo, sumiso y feliz.
—No me lo vas a creer… bueno, sí, si lo creerás. Dejé las llaves del apartamento… dentro del apartamento. Y sin un minuto en el condenado celular para llamarte. Aunque no habría servido de nada. Finalmente no has querido cambiar las guardas y por eso es que no hay duplicados—, finalizo E… con un guiño cansado.
Y así, procedió a contarle, uno por uno, los sucesos de la accidentada tarde. Cómo, por darle unas galletas y un vino espumoso a uno de los celadores, terminó fuera de su casa, con las llaves equivocadas en la mano, conversando con Jorge, y esperando, con sentadito de sirena en la portería, al cerrajero más caro en la historia de las cerraduras sin llave.