jueves, 20 de agosto de 2009

La depresión de vivir en el país de “Aquí no ha pasado nada”

Gobernado vitaliciamente por Juanito Alimaña, Colombia solo ofrece una visión deprimente del futuro para sus habitantes. Es él quien sube y depone presidentes y gobernantes corruptos y mediocres, establece políticas económicas y gubernamentales cojas e ignorantes, se enriquece a costa de desmembrar campesinos, de generar brechas sociales y aumentar la pobreza de los pobres y la riqueza de los ricos. Es él quien aumenta la miopia y el daño cerebral del pueblo, acostumbrándolo cada día más a la imposibilidad de pensar por si mismo, a la falta de esperanza del mejoramiento de su calidad de vida y al mínimo desarrollo de su intelecto.
En un país donde cada habitante lee en promedio menos de un libro al año, y donde solo el 5% de los jóvenes tiene acceso a educación superior, (5% compuesto en su gran mayoría por los perezosos y los mediocres que constituyen la futura mano de obra facilista y poco pensante del país), Juanito Alimaña tiene el terreno despejado para capitalizarse ilícitamente de manera obscena, sin que nadie interfiera en su camino.
No hay quien. El tipo ha sido medianamente inteligente (en realidad Juanito Alimaña no es brillante) y se las ha ingeniado para que las posibilidades de que nazca un oponente sean casi nulas. Este es nuestro sistema. Nos guste o no. En el siglo XXI, vivimos en el medioevo.
Por más que el Oscurantismo que nos rodea este tan “bien” estructurado (cómo podría estarlo un cáncer, por ejemplo), resulta que imponer la Edad Media es solo un acto de “viveza” sin eco intelectual y una brutalidad sociológica de grandes proporciones (pero como las vidas de estos miserables que componen a Juanito Alimaña no superan de manera individual los noventa años, ellos nunca serán alcanzados por las consecuencias de sus actuaciones funestas e imbéciles. Y mientras ellos mueren gordos y felices, condenan al país a vivir como un equipo de futbol de gallinas sin cabeza. Que espectáculo más cruel y cómico).
Obviamente, en un sistema tan primitivo siempre habrán fisuras. De esas fisuras salen personajes capaces de vislumbrar el panorama completo y desolador. Capaces de no conformarse con una educación de tercera y de pensar y establecer teorías. Capaces de decirlas públicamente y de abrirle un poco los ojos al país débil mental subordinado por Juanito Alimaña. La gente empieza a escucharlos, a pensar un poco, a llenarse de esperanza, a levantar la cabeza de este lodazal y vislumbrar la realidad con un poco más de análisis. A darse cuenta de que para mejorar la vida de uno y de todos es necesario cambiar de estructuras de pensamiento y políticas. Que el pasado es pasado y que nuestra historia debe ser desdeñada para darle la cara a un futuro sin las taras culturales de antaño. Que todo debe ser repensado. Y en este proceso, claramente, el más afectado sería el bruto Alimaña, que no conoce otra manera de mantener su sórdido ritmo de vida sin sentido, más que sacarle partido a un pueblo sumido en la pobreza de ideas.
Esto, como la historia de Colombia ha podido comprobar en este último mes, significa, que al optimista que sale de la caverna, como en aquella alegoría de Platón, lo obligarán a tomar cicuta o le mandarán un grupo de sicarios.
Mi indignación no ha dejado de crecer, precisamente con los aniversarios de la muerte de Galán y de Garzón. Veo las noticias sobre la impunidad que se cierne sobre atrocidades como estás. Veo el material de archivo con las palabras llenas de inteligencia de estos personajes. Veo las burradas que opinan algunos bobalicones en El Tiempo.com o El Espectador.com (espacios abiertos a la estupidez general de anónimos ignorantes, dónde algunos brutos defienden a Maza y dicen que el crimen contra Galán no debería ser proclamado como un crimen de Lesa Humanidad). Veo que en 20 años no se ha hecho nada más que echarle tierra al vital asunto de un país que es capaz de asesinar a sus mentes más brillantes y de condenar a los cerebros que si sirven para algo a que se los coman los gusanos, para poder continuar en la porqueriza del dinero “fácil”, cada vez menos fácil y más doloroso para todas las malditas partes. Estoy asqueada, triste y desesperanzada de pertenecer a este país de mierda, como lo dijo César Augusto Londoño en el final de los deportes, el día que mataron a Garzón, (el video esta en YouTube y circula en Facebook). Hoy no tengo ninguna razón para sentirme orgullosa de mi pasaporte.

jueves, 13 de agosto de 2009

Biblomancia. Bueno, en este caso sería algo parecido a Cartelomancia

Hay un libro, pésimo, de un señor Richard Bach. Se llama... ¿cómo demonios se llama? ¿Ilusiones? Sí, alguna carajada así. El asunto es que en mi pubertad, cuando era apenas un costalito de huesos que leía cualquier pendejada que le cayera en las manos, desde Cuatrocientos años de soledad (la leí cuatro veces) hasta Breve historia de tiempo (!!!), pasando por las Selecciones, Gustavo Adolfo Becker, Tomás Carrasquilla, Cualquier cosa que estuviera en descuento en las mesas de Panamericana (o sea CUALQUIER COSA), Consulta a tus ángeles, Daniel Samper Pizano, el Decameron, Las venas abiertas de América Latina, Mafalda 1, 2, 3... 5000, Caballo de Troya 1, 2, 3... 5000, El principito, etc. Era una ameba intelectual. No por bruta. Sino por que no tenía muy bien afinado el filtro de lo que para mi era basura o no. Entonces un día leí este libro... Ilusiones, de este señor, que escribió un libro que en todo colegio de monjas ponen a leer: Juan Salvador Gaviota. Pues bueno, Ilusiones es basofia. Es alimento para cerdos (en mi humilde... no, en mi opinión).
Pero Ilusiones le dio un texto a una conducta muy influyente en las decisiones que tomo, y en la comprensión de las cosas que me pasan sin que yo medie, de manera consiente: las señales. Soy bastante supersticiosa. Y para que, pero cada vez que se me atraviesa algo en el camino que considero tiene las caracteristicas de una señal, pienso en esa maldita pluma azul.
Y ayer volví a pensar en ella, cuando vi un cartel en el IBRACO que dice: Si usted es amante del sol, Brasil es su destino. Así, que la suerte está echada. O por lo menos, espero que la suerte que me sea echada, tenga a Brasil, en alguna de las caras de los dados.

O unico que eu quero é conhecer o mundo... e morar em NY.