jueves, 13 de agosto de 2009

Biblomancia. Bueno, en este caso sería algo parecido a Cartelomancia

Hay un libro, pésimo, de un señor Richard Bach. Se llama... ¿cómo demonios se llama? ¿Ilusiones? Sí, alguna carajada así. El asunto es que en mi pubertad, cuando era apenas un costalito de huesos que leía cualquier pendejada que le cayera en las manos, desde Cuatrocientos años de soledad (la leí cuatro veces) hasta Breve historia de tiempo (!!!), pasando por las Selecciones, Gustavo Adolfo Becker, Tomás Carrasquilla, Cualquier cosa que estuviera en descuento en las mesas de Panamericana (o sea CUALQUIER COSA), Consulta a tus ángeles, Daniel Samper Pizano, el Decameron, Las venas abiertas de América Latina, Mafalda 1, 2, 3... 5000, Caballo de Troya 1, 2, 3... 5000, El principito, etc. Era una ameba intelectual. No por bruta. Sino por que no tenía muy bien afinado el filtro de lo que para mi era basura o no. Entonces un día leí este libro... Ilusiones, de este señor, que escribió un libro que en todo colegio de monjas ponen a leer: Juan Salvador Gaviota. Pues bueno, Ilusiones es basofia. Es alimento para cerdos (en mi humilde... no, en mi opinión).
Pero Ilusiones le dio un texto a una conducta muy influyente en las decisiones que tomo, y en la comprensión de las cosas que me pasan sin que yo medie, de manera consiente: las señales. Soy bastante supersticiosa. Y para que, pero cada vez que se me atraviesa algo en el camino que considero tiene las caracteristicas de una señal, pienso en esa maldita pluma azul.
Y ayer volví a pensar en ella, cuando vi un cartel en el IBRACO que dice: Si usted es amante del sol, Brasil es su destino. Así, que la suerte está echada. O por lo menos, espero que la suerte que me sea echada, tenga a Brasil, en alguna de las caras de los dados.

O unico que eu quero é conhecer o mundo... e morar em NY.

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