domingo, 27 de septiembre de 2009

Tontera

En estos días, se me cruzó por la cabeza, que si tuviera que describirme en una palabra, al estilo del cuestionario de Proust, esa palabra seria VEHEMENTE. Encaja por donde la mire, tanto para bien, como para mal. Me gusta ser vehemente.

Un trágico desencuentro

La primera vez que la vi lo supe. En mi timidez e inseguridad, traté de hablarle de alguna intrascendencia. De esas que en esa época me funcionaban con personas menos pagadas de si y más cálidas. “Me gustan tus botas”. Sus ojos contestaron por su voz, con una mirada que significaba “punto”. El truco aprendido de personas with better social skills, no me funcionó y respeté su claridad respecto a no querer gastar un par de líneas en tonterías. Desde ese momento, por alguna razón que todavía no atino a comprender, siempre supe quién era. Se convirtió en una referencia obligada en muchas conversaciones ajenas en las que estuve presente. Su nombre extraño llegaba y se apropiaba de las anécdotas durante algunos minutos. Al principio, como muchos de estos seres, vivos solo en las bocas de otros, no me produjo nada. Pero con el correr de algunas menciones, ella se hizo familiar. La conocía un poco más con cada historia, y ello empezó a escocerme. Pero esto no tenía más consecuencias que la picante pero pasajera urticaria. Terminado el párrafo, su persona molesta, quedaba en el olvido. Volví a verla un día en que a pesar de querer hacer girar todo a su alrededor, no logró alcanzar ninguna importancia. Esa noche además, yo era otra y en mi había nacido la confianza propia del cinismo después del desamor. La ignoré, no con intención. Sólo pasó que ella fue muy poca cosa para que se ganara un segundo de mi curiosidad. Y tan fácil, como un día se convirtió en la ponzoña de una aguamala, durante esa fiesta, se esfumó. Sólo hasta ahora soy consiente de lo que allí pasó.
Unos meses después, sin saberlo, regresé al lugar en donde había desaparecido, para encontrar que solo se había escondido. Al principio, difusa y arrugada como estaba, no la reconocí. Debieron pasar muchos días y muchas menciones más para que atara cabos hasta sorprenderme un poco, en medio del aburrimiento que me causó saberla otra vez en mi entorno. Su estatus cambió. Ahora era la tercera en discordia. Y yo, de verdad, hubiera preferido no volver a ese sitio, encantada por las músicas que salían de allí, para no hallar nada más que su veneno, ahora dirigido hacia mi.

sábado, 12 de septiembre de 2009

Flickr

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