jueves, 29 de octubre de 2009

Comer, beber, amigos

Tres post en un día. Buueeeno, no se si es demasiado, pero llevo tiempo sin alimentar a Blogger, entonces, me parece bien.
Yo ya he dado una lora increíble con el tema de la emancipación. En estos días reencontré (por que ya lo sabía), que una de las cosas que más me gusta es ser anfitriona.
Invité a los amigos con los que trabajo por estos días a “la casa” (eso se oye súper adulto). Y la idea era cocinar. Cuadramos el ágape con dos semanas de antelación, para un viernes. Dos semana de porquería, de mucho trabajo y poca plata como todas estas últimas semana del año. Dos semanas en que no pensé ni por asomo en que carajos iba yo a preparar para mis invitados.
El miércoles anterior al Día D, agarré un librito que adoro por muchas razones (entre ellas que lo diseñé yo, todo todito yo… y es de lo más lindo): Cocina para uno. Tiene unas recetas fabulosas y saqué cuatro como para picar: torrecitas de berenjena parmesanas, rollitos de jamón serrano y plátano maduro, paninis de portobello con pimentón y mozarela y ceviche de mero. El plan era perfecto: miércoles: búsqueda de recetas, jueves: arreglo del hogar y compra de ingredientes y viernes: cocinar como esclava.
Sin embargo, durante el camino todo se malogró por que el jueves salí tarde de Una Tinta y luego tenía clase de portugués entonces, paila. No se pudo comprar nada.
Así que el viernes arreglé por la mañana y por la tarde salí corriendo a Carulla, en donde me di cuenta que el mero es muy escaso y un poco caro para este bolsillo atribulado por la buena vida. Y que sin congelar es imposible de conseguir. Adiós, al ceviche. El resto si era sencillo y no tan costoso. Llegué a la casa con todo, y hecha un ocho empecé a desangrar las berenjenas, cortar los plátanitos, atender a los que iban llegando, y todo con un delantal lleno de I (corazoncito) NY. Muy desordenado el asunto. Luego llego Cris, y me dio una buena mano.
Con todo y el desorden, todo quedo deliiiiicccciiiooooossssooooo. Uhmmm, yummi.
Que recetas más buenas. Ser chef es una cosa maravillosa. ¿A quién se le puede ocurrir inventarse rollitos de maduro con jamón serrano y acompañarlos de sour creme? Pues a un genio, ni más ni menos. Adoro ese libro.
En fin, el todo es que me encanta gastar mi dinero en agasajar a los amigos. Estuve una buena porción de la noche metida en la cocina, y me fascinó. Así que los amigos que vengan por estos perdidos parajes de la web, bienvenidos siempre a mi casa para que yo tenga el gusto de ser su anfitriona.

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