lunes, 22 de febrero de 2010

La política hablada

Una entrada corta.
Hoy realicé todo lo difícil que es hablar de política con el mundo, en general. No se si en esté país, por que tal vez suceda en todos. Pero hoy me pasó algo que me dejó un poco estupefacta y fue que nombré a Uribe como el Principito Paisa delante de una persona con la que trabajo. Esta mención desato un discurso en contra de los regionalismos y de como estamos jodidos por no dejar de hablar mal lo unos de los otros en nuestro mismo y amado terruño (no con palabras como "jodidos" sino con otras muy diplomáticas, pero a mi me molesta hablar así por que no cuento la diplomacia entre mis virtudes). A mi todo ese asunto, incrible pero atrayente, de la paz y el amor para los hombres de buena voluntad me parece que está muy bien. Creo que es un poco difícil por que los hombres de buena voluntad, bueno, no son muchos o no están en posiciones de poder. Pero haré lo que pueda para creer en personajes como Mockus, que es el optimismo en pasta.
El asunto es que quedé absolutamente muda después de la descarga de patriotismo y me sentí muy mal por haber ofendido a mi compañero y por mi pensamiento antisemita. Pero luego salí de la confusión que me causó la vehemencia con la que habló y me sentí peor por la censura que me impusó. Yo creo que el quedo muy orgulloso por haberme "obligado" a guardar respetuoso silencio, pero en un par de segundos reflexioné y me dí cuenta que mi comentario no había tenido nada de regionalismo, racismo o xenofobia. Simplemente creo que a Uribe, para agrado o desagrado de los paisas, y para desagrado mío (por Uribe, no por los paisas) una de las cosas que lo definen tajantemente es haber nacido en Salgar, Antioquia y ser parte de una dinastía antioqueña que es dueña no solo del pueblo de la que es oriunda, sino del país ahora. Su educación con zurriago, es la que recibe el pueblo colombiano y no me gusta. No me gusta su estilo de finquero para llevar a la nación. Lo cuál no significa que tenga algo en contra de los finqueros. Simplemente, el uso del español nos permite utilizar figuras como el símil, o sin ir tan lejos, utilizar adjetivos para describir. Si fuera por las rapidas lecturas de las frases ajenas, bueno, el diccionario entero no podría ser usado.
No quise prolongar una discusión bizantina, pero la respuesta que callé en un acto de prudencia muy raro en mi, era que lo que verdadermente nos tiene jodidos, recontrajodidos, ultrajodidos, es esa urticaria que causan en otros las ideas ajenas y la expresión radical y apasionada de quien defiende su punto de vista con un bulldozer ante las palabras que no son dichas como quisiera oirlas y la opinión en contra. Una de las cosas que uno debería aprender es en que situaciones debe ser elástico y en cuáles no, y sin miedo a decir alguna falacia, la mayoría de las personas son completamente incapaces de reconocerlas y actuar en coherencia con eso. Por ejemplo yo no voy a ceder en mi negativa ante la propuesta de, no se, voy a pensar en un escenario ultramacabro... matar a un gato a golpes. Pero si puedo conceder silencio y tranquilidad ante las opiniones ajenas. Lo increíble es que haya gente que ceda en lo de matar el gato a golpes y no ceda ante la opinión del otro. Increíble, pero pasa.
No estoy diciendo que esta persona, de quien tengo un muy buen concepto y a quien aprecio, pueda actuar así. Son simplemente las cosas que se me pasan por la cabeza a raiz de este pequeño incidente. Sinceramente, no me haré una mala idea de él por sus minutos de absolutismo. Todos los tenemos.
Yo por ahora, además, asumo el regaño. No en su contenido, por que no voy a dejarme untar de posiciones pro o anti regionalismos. Soy Ginebra (Suiza) en esas cuestiones paisas-contra-cachacos-contra-paisas-contra-costeños... Bueno, lo sería si Ginebra pudiera opinar. Puede sonar paradojico. Pero no. La neutralidad no es el "no punto de vista". La neutralidad es el respeto al punto de vista ajeno.
Digo entonces que asumiré el regaño, pero por la forma en que lo causé: hablando a diestra y siniestra sin un poco de medida. Para preservar mi paz y no volver a oir estas cosas, trataré de ser más selectiva con las personas con las que hable sobre espinosos asuntos como la política y de reprimirme un poquito a la hora de poner apodos.
Por eso odio hablar de política, con cualquiera. Por que implica educarme.
No resulto corta la entrada.

No hay comentarios:

Publicar un comentario