domingo, 7 de febrero de 2010

Reciclaje

Vamos a ver que nuevo trivialismo se me ocurre hoy, domingo 26 de abril del 2009, a las 3:50 a.m. Acabo de llegar de Galería Café, y en el baño, sentí claramente, que la relación que tengo con la salsa, es de amor-odio-dolor. Hoy bailé hasta que el pelo me quedo absolutamente emparamado. Bailé hasta decir "No más" con un chileno bastante virtuoso, que me enseño un par de trucos nuevos. Uno de esos personajes, que uno escoge más allá de la atracción sexual, y que se toman como práctica, en un momento en que, es evidente, que se está más en un salón de clases que en una discoteca de salsa. Yo puedo no parecerlo mucho, pero soy bastante académica en todas las cosas que hago. Así que escuché la música, que me causa un efecto sedante y estimulante a la vez. Y después, sola, un poco lejos del sonido y del calor, sentí, que me dolía bailar. A parte de que casi pierdo el dedo chiquito del pie izquierdo esta mañana. (Quedo como un enano deforme y un poco colorado, después de que le asesté un tramacazo contra una esquina en el baño, que me dejó muda, llorando apenas, rodando por el piso primero, y pensando “Ahora sí lo dañé, ahora sí lo dañé”, después).

Cuando pensé esto, estaba sonando una canción llamada Temperatura, de Los hermanos Lebrón, y acto seguido sonó una canción de Héctor Lavoe, Ah ah oh no, que me parece absolutamente hermosa, pero que trae un montón de recuerdos marrones y sórdidos. Y creo que lo que más dolió, es no tener la opción, de que esa canción, me pueda gustar.

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