lunes, 29 de marzo de 2010

Dicas para quién desee ser un estudiante extranjero

Mañana, por fin, enviaré mi "projeto de pesquisa" y los papeles completos a la USP (Universidad de São Paulo). Ya está todo. Sólo me falta pulir un par de cosas de ortografía y redacción, pero ya está todo. Le estoy quitando un ratico de atención a finalizarlo a Él, para escribir, mientras tengo todo todavía fresco en la memoria, algunas "dicas" que todo cristiano que desee ser un estudiante extranjero, debe tener en cuenta.

1. Los tiempo, los plazos, los cierres, las datas
Si usted quiere irse a estudiar a cualquier lugar de planeta, ya sea becado o por sus propios medios, le recomiendo que empiece por averiguar con las universidades y las embajadas todos los plazos que ellos tengan establecidos para la selección de alumnos extranjeros por ahí unos dos años antes de irse.
No es exagerado y no miento. Por ejemplo, si entre los requisitos está un certificado de la lengua que usted hablaría en el lugar, conseguir ese certificado puede no ser sencillo o rápido. A mi me llevó un año conseguir el certificado de portugués.
La otra cosa por la cuál es importante hacer esto antes que cualquier otra cosa, es que usted sepa donde está parado y siempra tenga definido el siguiente paso a seguir, lo cual es fundamental para que pueda irse en el tiempo que tiene pensado y no un año después o nunca.

2. Los trámites
Muchas universidades piden papeles como una copia del diploma o certificados de notas legalizados ante la respectiva embajada. Si es así, no llegue a la embajada con su ingenuidad y sus copias por que lo van a sacar corriendo. Para obtener el visto bueno de la embajada primero hay que legalizar los originales en el Ministerio de Educación y en el Ministerio de Relaciones Exteriores. La vuelta del min. de educación la hace en una mañana y le cuesta $2.900 pesos por documento. Para la del min. de relaciones exteriores le toca sacar cita un día antes en un tel que esta en la web de la cancillería y se la asignan con un número de radicación, una hora y un lugar que definen ellos y que son siempre los súper cades. El asunto cuesta $15.000 por documento.
Después de tener esto si puede aparecer en la embajada, donde, pueden demorarse algunos días hábiles y siempre tienen horarios distintos para recepción y entrega de documentos. El precio puede variar, pero no será menos de $15.000 pesos por papel.
Cuando le entreguen los documentos con el sello de la embajada, tiene que sacar fotocopias de todo y autenticarlas en una notaria. Si no lo hace sus fotocopias no serán válidas.

3. Aliste con anterioridad cartas de recomendación, un buen currículum y alguna publicación interesante que tenga en su haber.

4. No deje, como yo, los papeles originales (diplomas y certificados) en un taxi, faltando 13 días para que se termine el plazo de incripción a la universidad o la embajada. Si definitivamente lo va a hacer, hágalo faltando mes y medio o dos meses para que pueda ahorrar para las copias las cuáles son MUY caras y se demorará un mes y medio en volver a obtener. También tendrá que ponerle sello a todo nuevamente. Lo más importante si le sucede esto, o se las come su perro o cualquer cosa absurda de esas que pasan: no llore, no piense. Haga y haga rapido lo que deba hacer para que no pierda la oportunidad de irse.

(PD. yo recuperé el diploma gracias a que soy una boba con suerte y todo siguió su curso normal.)

martes, 16 de marzo de 2010

Tristeza não tem fim. Felicidade, sim

Nunca me ha gustado mucho la poesía. Pienso que para encontrarle el lado (o mejor para que la poesía se lo encuentre a uno) se necesita ummm, ¿cómo decirlo? de una cierta languidez en el alma de la cual no soy poseedora, y nunca lo seré. Este hecho me hace una completa ignorante en este tema, y aunque en mi primerísima juventud leí a Gustavo Adolfo Bécquer y siempre me ha llamado la atención leer a personajes como León de Greiff y Garcilaso de la Vega, no lo he hecho. He leído un par de versos, chuecos, en la recopilación de Daniel Samper Pizano, a la que si le hallé el ladito, pero esos son todos mi acercamiento a la poesía.
Sin embargo uno piensa en esto y se da cuenta que la poesía y la tendencia natural a convertirlo todo en un “algo”literario van muy de la mano, entonces aquí va mi alguito:
“Los momentos de felicidad verdadera son como blueberrys en muffins agrios y mohosos. A algunos les tocan muchos, y otros no les toca sino dos o tres.”
Perfecto para los versos chuecos y se puede aplicar a muchas cosas ricas y escasas. Alcaparras en ajiacos, chips de chocolate en helados, pedacitos de longaniza en fritangas, mariscos varios en arroces marineros, paellas o arroz con camarones, y/o aceitunas donde sea (en el ajiaco, el helado o los arroces).
Es extraño el que haya pensado en “poesía” esta noche. No pasa nada en particular. Nada. Pasa menos que nada. Solo “sucede” una calma chicha un poco inquietante, porque de unos años para acá tengo la claridad de que después de la calma viene la tempestad. Pero yo soy una de esas que se engulle el festín de un bocado, y ya quiero que la quietud acabe, sea lo que sea que venga después de ella. Excepto, claro está si lo que está por venir es malo para mi papá, mi hermana o las mininas, quienes para mi, como para los Niños Perdidos, son mi único pensamiento feliz. Y tal vez por eso es que la palabra “poesía” se me atraviesa nuevamente, con lo que para mi significa: tristeza, desgracia, dolor. Ahora tengo de todo un poco, pero en cantidades mediocres que no dejan que mi vaso este realmente medio vacío.
Y mientras pienso, encuentro esto:

Viva la vida
Que ayer que ayer
Se fue

Vivan las sombras
De mis voces
Llorando lejos

Vivan los sueños
Que nunca despertaron
Mi amor

Felicidad
¿Qué importa ya?
Si canto a la luz de tu sombra

Viva la vida
Que ayer que ayer
Se fue

Vivan las noches
De tus voces
Durmiendo lejos

Vivan los sueños
Que nunca despertaron
Mi amor

Felicidad,
Felicidad
Tomando el mescal de la luna

Y sigo pensando, y me doy cuenta de que la poesía si tiene posibilidades de gustarme. Pero ésta, con voz y con música. Hermosa.

lunes, 8 de marzo de 2010

La soledad al cuadrado (#smartpeople)


Smart People es el título de una película con Dennis Quaid y Sarah Jessica Parker, que hace un gran retrato de lo que he pensado últimamente y es que los intelectuales también son vacíos y vanos, como niñas bonitas que en lugar de exhibir sus tetas operadas, pasean sus cerebros repletos, henchidos de sus ideas de silicona agria y venenosa. En mucho no se diferencian de lo que con tanta saña critican.

Hace poco asistí a una reunión en mi oficina, donde Twitter fue uno de los invitados y descubrí que este portal es la vitrina y el ring de lucha de muchos de estos “#smartpeople” (perdonénme, no se si lo hice bien y no se por que las palabras van pegadas o el porque del #). Uno pasea un rato por las páginas de twitters reconocidos y sale asqueado de sus inteligentes discusiones y de sus sucias peleas. Es vergonzoso. No tengo Twitter y me parece un invento macabro: contra el idioma, contra las relaciones personales, contra el sano debate, contra la vida de verdad que no pasa frente a un monitor. Siempre he dicho que contestar mal es un arte. Pero ninguno de esos personajes que cambiaron la vida por una pantalla de computador, sus nombres por nicknames y el debate por los insultos sin rostro, lo domina.

Tal vez el problema radique en mezclar “los negocios con el placer”. Este asunto de trabajar todo el día conectado a todo el mundo por que ahora las cosas se mueven así. El computador es sólo una herramienta, no el poseedor de todas las respuestas. Pero es encandilador el monigote entonces uno insiste en preguntar y preguntar y preguntar.

Pero no. Ese no es el problema. Tal vez no exista un problema. Tal vez Twitter y demás enajenaciones sociales son el producto perfecto para las necesidades reales de nerds, geeks y freaks. Finalmente fueron ellos quienes se las cranearon. Y tal vez esta muy bien que tengan un lugar en el cual puedan restregarse en las narices sus brillantadas unos entre otros sin poder darse en la trompa de verdad. Al decir esto, no puedo evitar recordar una vez que Alekos dejo una hermosa posta gatuna bajando las escaleras y mi papá la pisó, descalzo. El castigo de mi enfurecido padre fue agarrar a la gata y untarle el regalito en su peludo y adorable hocico, mientras le decía: "¡ESO NO SE HACE!". Es como lo mismo.

El todo termina en que uno se mira en los “espejos” de estas personas que también tienen un computador que pueden llevar a la cocina, la cama, el baño, etc., y pues el asunto es que no quiero ser así y decidí limitar el uso de este moderno y embrutecedor aparatico. Prefiero lavar la loza, poner botones, jugar UNO con Paula y Jaime, bordar con punto de cruz, quitarle el hongo a la poncettia, visitar a las gatas o caminar un rato por ahí a esa soledad al cuadrado que no ayuda contra las arterias tapadas, los triglicéridos altos y la ausencia de vida familiar.

Y no, para mi no vale incluir a Twitter como el nuevo integrante de las reuniones con la familia o con los amigos para poder ordeñar a la inteligentísima y tediosísima mapaná de voz pausada y mirada sospechosa que se lleva entre las vísceras antes de que muerda... de nuevo.