jueves, 11 de noviembre de 2010

Resistencia a la pantallita

Hace algún tiempo, cuando tenía, no sé, 20 o 21 años, sentencié mi carrera profesional con la siguiente frase: “NUNCA voy a hacer diseño editorial”, y en contraposición, decidí: “me encanta lo digital y diseñar multimedias y páginas web y pensar en píxeles y en RGB y y y”… y demás verborrea que nunca se cumplió, thanks god.
La realidad era que había tenido un par de malos, muy malos días, luchando con los tabuladores de page maker y con la diagramación de alguna ventiúnica página de algún libro de texto para Norma (mucho antes de trabajar en la editorial) siendo la china de barrer el establo de una señora que armaba textos escolares para varias editoriales como Panamericana, McGrawHill y la mencionada arriba.
Duré muchos de mis semestres de universidad fascinada por los hipertextos y los códigos de HTML o de flash, que, nunca comprendía, por lo menos del todo. Mi novio de esa época tenía una facilidad pasmosa para dilucidar leyes física y convertirlas en animaciones a punta de fórmulas algebraicas y abreviaturas en inglés que sumadas hacían que una pelotita rebotara unas cuantas veces. Lo ví trasnocharse muchas noches para lograr que eso pasara. Y yo, a mi vez, intenté seguirlo, terca como una mula, ignorando el hecho de que, en realidad no me gustaba ni un ápice, ni tenía el menor talento para el rebote de la pelotita o de cualquier otra cosa que pudiera rebotar en flash.
Y un día, un semestre antes de graduarme de la universidad, llegó la oferta de Norma, la cuál decidió todo de ahí en adelante. Mi relación con los libros hasta ese momento había sido del todo emocional. Contextualizo: mi mamá era una mamá sobre protectora así que desde siempre mi hermana y yo estuvimos confinadas en una casa, que funcionó desde siempre, también, de una forma completamente opuesta a la de cualquier hogar del PLANETA. No éramos de la Hermandad de Zión, ni Adoradores de las Líneas de Nazca, ni masones, ni hippies, ni nada por el estilo, pero nunca fuimos una familia estándar. No hubo atari, “por que daña el televisor”. No hubo cable, “porque –a pesar de lo mucho que cuidaban el televisor– la televisión no es buena y no se va a pagar para ver televisión, además el canal 3 es excelente”. No hubo bicicleta, “porque a un niño lo mataron por robársela”. Más grandecitas, y esto es terrible, no hubo fiestas de 15, ni fiestas en general, “porque uno no sabe, el tío pervertido de tu amiguita o el primo que no conozco, va y te viola”. Mi mamá estaba loca. Pero entre toda esa locura, hubo música, cine y libros. A los 11 años había leído cuatro veces una edición de Cien años de soledad de Oveja Negra, que todavía existe por ahí, deshojada y sin tapas. A los 12 había leído los dos tomos del Decameron de Bocaccio (!!!), que tenían escondido para que yo no lo agarrara. Y así. También leí mucha basura, obvio, pero ese es otro asunto.
El tema es que, aparte de leerlos, no había tenido el deseo de hacerlos y aún así, desde Norma, los libros son lo que me da de comer. Me gusta mucho diseñarlos y muchos de ellos los he disfrutado enormemente. Pero todo el mundo tiene en algún momento un punto de avance y en el mío, estoy parada ahora.
El mercado para los diseñadores ahora está cada vez más limitado al pinche diseño digital, el cuál, honestamente ODIO. Me produce claustrofobia y sin exagerar me da un poco de nauseas pensar en estudiar algún posgrado en multimedia o nuevo medios. Para mi peor mal, es muy necesario, porque yendo más allá de Internet, el mundo va transformándose en una aplicación que puede arrastrarse con un dedo. O sea que mi resistencia a ello, es necia. Sin embargo, aquí va esta otra sentencia, que hoy, con cuasitreinta años y algo más de experiencia, espero se cumpla: “NUNCA voy a diseñar nada para web”. No quiero. No me gusta. No lo hago bien. Para enfatizar esto, ya estoy inscrita para hacer una especialización en historia del arte, leo a gombrich, a barthes (mamerto francés que odio un poco pero es tremendamente práctico), hauser y francastel (que odia a hauser, jeje, lo cual es muy divertido porque cada cierto tiempo aprovecha para echarle alguna puya al otro). Y terca como una mula, voy a volver a presentarme a la universidades brasileras para hacer mi maestría en comunicación con el fin de hacer algo que si me gusta y quiero, mientras que, de paso, resuelvo un mundo de acertijos laborales y profesionales de los que no voy a escribir ahora, pero puedo anticipar que sus respuestas me alejaran del diseño como mi primera actividad, por que no accederé a ser una chica digital o por lo menos no una chica diseñadora digital. Guacala.

9 comentarios:

  1. Gracias por el elogio, Sebastián. Pásate por acá cuando quieras.

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  2. Si lo hare, esperare el material nuevo. Era muy obvio que Sebastian era? Y disculpa si mi escritura es agresiva pero no tengo el don de la puntuacion y demas.

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  3. Vamos a ver que sale para la próxima vez. Y la verdad no sé que Sebastián eres.

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  4. Sin ánimo de ser grosera, esos misterios me aburren.

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  5. y porque estas sin animo?, pues de ser grosera, jaja, no mentiras, oye ya el apto cada vez tiene mas cara entonces les avisamos a ver si nos vemos una tarde de estas para prestarselos y de paso volver a ver al bebé de Marcela que Anamaria quedo enamorada, un abrazo.

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