sábado, 8 de enero de 2011

De película

El desparche del 2 de enero me empujó a los brazos de una silla de cine en el Avenida Chile, a matar mi aburrimiento con lo que resultó más una vacuna que una medicina: una dosis muy concentrada de mi mismo mal. Terminé asistindo a una película francesa con una par de momentos de lucidez narrativa en medio de un generalizado LSD cinematográfico. No puedo decir que así es el cine francés pero otras veces me he encontrado con un par de perlas del mismo estilo incoherente hasta la risa, el llanto o la ira, según se escoja la emoción dependiendo tal vez de factores como el dinero perdido de la boleta, la compañía quejumbrosa que esperaba Hollywood europeo o el grado de somnolencia intolerable desde el minuto 15 del partido.
Mientras eso acontecía, una parte de mi cerebro se obligaba a seguir la trama, pero la otra parte pensaba en que una razón por la cual me gusta el cine es por que, a fuerza de asisti-lo, quizas, he terminado por sentir mi propia vida y mi propio sentir como si fuera un largometraje. Bueno, malo, corriente, no sé. Lo que sea. Es, probablemente la conciencia del propio drama, así la vida no sea dramática. Y es exactamente eso lo que sucede con las películas. La historia más trivial del ser más anónimo sobre la faz de la tierra, queda bellamente inmortalizada para el recuerdo de miles con una banda sonora de fondo, una buena fotografía y un par de buenos movimientos de cámara que capturan a Mequetrefe caminando pensativo camino a hacer “las compras en el súper” o la fila en el banco.
Luego pensé que esa puede ser una de las razones que nos empujan a los pobres diablos a ir a un cine solos: tener la certeza de que SI hay drama en nuestras vidas aun sin vivir en un cinturón de pobreza, ser la víctima provinciana de una cruel lucha intestina, sufrir una “penosa enfermedad”, haber matado o haber intentado matar a alguien, o cualquier característica que convierta la vida de un ser humano en un drama real.
Y es que en la profundidad de uno, los conflictos son fuertes, consistentes, coherentes. Pero cuando uno se atreve a exteriorizarlos con algún otro pobre diablo, se trivializan, pierden sustancia como si fuera de su poseedor tuvieran tan sólo una existencia fantasmal cuya presencia, cuyo cuerpo fuera casi indetectable por otros, a menos que alguno de esos otros tenga un don. Tantas veces he hablado de alguna tontería grave que me aqueja con un alguien que tal vez pueda verla tan real como yo y en el instante en que oigo las palabras salir de mi boca, se que no podrán ni de cerca expresar la pesadez del mal que me aqueje en ese momento. Sola, en cambio, mi vida tiene un sound track, tiene tomas, planos y manejo de la luz. Ya no deseo nada más que lo que tengo.

2 comentarios:

  1. Como veo que te gusta James, te dejo la dirección de su foro en español. http://server4.foros.net/JAMESMCAVOY.html Saludos

    ResponderEliminar
  2. Pato! ese 2 de enero caminé por la ciudad sola como un hongo, pensando en los 'qué tal si'... Me habría gustado compartirlos contigo, y la próxima vez que tenga el arrebato nos vamos juntas a armar la película.
    PD: me encantó esta entrada.

    ResponderEliminar