lunes, 8 de octubre de 2012

Matrimonio

Llevo un año y seis meses más o menos, viviendo una vida completamente diferente a la que tenía hace un año y siete meses. Aunque no he dejado de pensar, he dejado de escribir en el blog. Las ocupaciones que representan ser el "socio" en una relación de amor y negocios han reducido mis palabras a las pocas línea diarias que alcanzo a tipear en Twitter (harina de otro costal: yo, que despotriqué de Twitter en una entrada muy vieja –http://trivialismos.blogspot.com/2010/11/resistencia-la-pantallita.html–, soy @patrick_m_l), y han reducido también mi lectura a hipertextos entrelazados. He empezado 50 veces varios libros que apilo en la mesa de noche, pero no alcanzo a tener la constancia para terminar. Paradoja: aunque leo menos, estoy más "actualizada". La música también ha cedido espacio y el televisor en las noches permanece más tiempo encendido que el iPod. De hecho, en un accidente de dos tiempos, perdí las 18 GB de música que tenía en este, y aunque he ido recuperándola de a pocos, el playlist ha sufrido significativos cambios, porque ya no es MI iPod. Es NUESTRO iPod.

Al principio de todo esto, de este año y seis meses largos, ver la intromisión de un "extraño" en mi tiempo, en mi soledad y en mis pensamientos, me preocupó por la anticipación de las consecuencias que ha ido trayendo el hecho de vivir con otro. La analogía que podría usarse es la un tsunami. El agua retrocede succionándolo todo, y cuando regresa no es la misma marea calmada, sino una pared de metros de altura con la fuerza y la furia para entrar donde nadie la había invitado. Eso fue lo que me pasó. Dios sabe que me he resistido, y que, de no ser por la paciencia de santo Job de Andrés ante muchas situaciones, no estaríamos planeando el resto de la vida juntos. Andrés ha sido mi paciente tsunami. Llegó a arrasar con mi vida sin preguntar nada. Yo, no he hecho otra cosa que ver como cambia mi paisaje para siempre y aceptar.

Siguiendo con la lógica del desastre natural, lo que puedo anticipar ahora es que nada durará por mucho tiempo. Todos los días hacemos planes de nuevos viajes. Todos lo días hablamos de en qué países vivir y de cómo lograrlo. Todos los días hacemos planes para nuestra empresa, que depende totalmente de nuestro amor. Leo menos, escribo menos, y escucho menos música, pero mi cabeza está revolucionada al 10.000% de día y de noche. Maquino sobre Coma. Maquino sobre arte. Maquino sobre la vida y la muerte. Maquino sobre la reencarnación. Maquino sobre como la vida es un sueño, solo un juego y sobre como lo más importante es amar. Tengo sueños lúcidos con mayor frecuencia. Mi vida espiritual ha ido ganando terreno en mi cerebro y los libros que logro terminar son sobre lo que pasa después de morir.

Cada día dejo de pelear un poco con la llegada de Tsunami Andrés. No porque esté rindiéndome. Es porque sin saberlo, él me ha convertido en el zorro de El Principito. Con constancia ha ido domesticándome. Mientras, he ido "reconstruyéndome" de una manera diferente, pero sigo siendo en esencia, yo. Vamos a casarnos en diciembre y mi vida como la conocía, morirá del todo el día que eso pase. Pero como toda muerte, traerá otra vida que me llena de ilusión. Será feliz, como lo ha sido desde que vivimos juntos.

En resumen, todo cambiará, todos lo días, con la imperceptible velocidad de las placas téctonicas que separan continentes y arrugan la tierra como una sábana, formando las montañas. Todo cambiará, excepto (espero), la presencia de mi Andrés, a quien yo también domestiqué, y que por supuesto, quiero que siga entrando donde nadie lo llamo, para siempre.



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